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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

miércoles, 29 de octubre de 2008

Artículo La Razón

Del blog art-erotic
Roxana lucha para seguir debajo de las sábanas
(La Paz - La Razón - Escape)Nació en la poesía, saltó al cuento ecológico y comenzó a nadar en el relato erótico. La culpa la llevó hasta la cama. Ahora, a sus 42 años, ya sabe qué quiere.Amparo Canedo Fotos: Andrés RojasNo sabe por qué la poesía abrió los ojos cerca a un corral en San Ignacio de Moxos cuando ella tenía 12 años. Ni por qué los potrillos desenfrenados que correteaban en su pecho salieron después relinchando para convertirse en el primer poema escrito. Ahora, a sus 42 años, los potrillos de Roxana Selúm Yabeta son caballos sedientos que cuando emergen adquieren la forma de un hombre desnudo sobre la cama en un cuento erótico.“La poesía me buscó a mí cuando estaba sentada a la una de la tarde en el corredor de mi casa. Hacía mucho calor y no podía dormir. Empezó a llover. Sentía algo raro. Estaba como medio melancólica y medio triste. Era como si algo me persiguiera. No sabía qué era. Después me di cuenta de que quería escribir. Un mes después, cerca del corral empecé a hacer poesía en rima. Era chistosísima”.No tardó en abandonar los versos porque no le gustaba ser llamada poetisa. “Me recordaba aquello que me dijo mi papá sobre que cualquiera es poeta. Y, en realidad, tampoco yo lo era”.Un día agarró maletas, abandonó los versos en su pueblo y levantó vuelo hacia Cochabamba. Allá terminó la secundaria en el Instituto Americano y comenzó la carrera de Administración de Empresas. Era un capricho de su padre que sólo le serviría después para organizar su casa, su vida y, tal vez, sus lápices de escritora. A sus 25 años engendró la prosa en dos cuentos: El Tigre y La víbora culebra que aprendió a hablar el castellano. El hermoso rostro de luna llena volvió a mostrarse inquieto. Necesitaba un cambio e hizo nuevamente maletas para partir de Cochabamba. Llegó a La Paz en1990, donde estudió Comunicación en la Universidad Católica Boliviana.Ese año, el escritor René Poppe le dijo que tenía todo, pero algo le faltaba y la llevó hacia la literatura erótica. El primer fruto fue Las hijas de Jango, la historia de tres prostitutas hermosas nacidas de una madre también prostituta. En 1994 vería la luz su libro de cuentos D‘efectos especiales. Varias escritoras como ella han construido relatos eróticos en Bolivia. Están Marcela Gutiérrez, Velia Calvimontes, Inga Llorenti, Valeria del Barco, Anabel Gutiérrez León, Giovanna Rivero y Jaqueline Saavedra, entre otras.Su paso por el erotismo es distinto al de los narradores varones. Y no porque el lector tenga la manía de encontrar diferencias entre mujeres y hombres escritores. Ellas son como arañas que tejen alrededor de la penetración masculina algún tipo de pensamiento o sentimiento que va más allá de la carne. A veces es su soledad. Ellos (muchas veces) abordan sus historias sin remordimientos: sus personajes llegan, se suben y se van.La obra de Roxana Selúm no escapa a esa diferencia. En la recopilación de cuentos eróticos de Jaime Iturri Salmón, una mujer otoñal acuesta su soledad en el cuento de Selúm llamado Mi intimidad sin ti: “Había pasado sólo unos minutos... las medias resbalaron, mi deseo era explorado por la memoria. Mi mano en el vértice simulaba tu lengua... mientras yo alcanzaba el cielo, tú con tu puta soñabas en que ella, como Magdalena, podría algún día ser redimida”. A pesar de que a Selúm no le gustaba ser llamada poetisa, su paso por los versos la ha marcado. A veces, su prosa erótica se mueve entre las imágenes poéticas, el humor, la soledad, la sensualidad y aquel lenguaje de la gente sencilla: “Los cuerpos rodaron hilvanando en la mente la más grande de las sensaciones. Tú lamías, gemías, respirabas como un potro en celo y murmurabas: Me gustas todita, toda entera tú. Me quedaría por siempre dentro tuyo”.Y ese mundo de almohadas le provocó, precisamente, una gran culpa. La transgresión de normas sociales la sintió en piel viva y sentada sobre su cama, donde suele escribir en un pequeño cuaderno, ahora lo confiesa. Su atrevimiento (así lo entienden las malas lenguas) de echar a volar sobre la pasión humana no sólo la llevó hacia los puertos del éxito, sino que fue a parar debajo de las sábanas y se quedó ahí un buen tiempo enferma. Se conflictuó tanto, que para salir del abismo en el que se hundió, tuvo que despojarse hasta de su religión.Ahora es libre. Por lo menos así se siente. Y no le importa lo que la gente opine de ello. ¿Quieren creer que ella tiene mil amantes? ¿Quieren imaginarla desnuda al lado de dos mujeres y un hombre? ¿Quieren resucitarla en una escena de orgía total? Háganlo. “Yo he dejado de vivir para la gente. Ahora vivo por mí y para mí”.La sociedad parece no estar aún preparada para aceptar que en las lides de la literatura erótica, una escritora no tiene por qué ser vista como dama de compañía.Las autoras de la línea rosa, que las hay buenas en Bolivia, suelen contar lo que sus oídos han tenido que soportar de la gente. Giovanna Rivero comentaba en cierta ocasión a La Razón que muchas veces se le acercaron como si esperaran encontrar en ella al personaje femenino erótico de sus relatos. Aunque ya ha logrado transgredir varias normas, Selúm aún mantiene dentro suyo algunas barreras no traspasadas y que ella tampoco tiene la intención de saltar. Por ejemplo, el incesto. En la línea literaria rosa no faltan aquellos argumentos donde hermanos se inmiscuyen sexualmente con hermanos o padres. Sin embargo, ella no necesita de estas tramas, no las siente suyas. Y tal parece que las otras escritoras tampoco han sido llamadas por ese tipo de argumentos porque en sus obras éstos no son recurrentes.Ahora, sentada con su pijama celeste sobre su cama de dos plazas en un departamento ubicado cerca de la plaza Avaroa de Sopocachi, la voluptuosa y alegre escritora sólo aspira a quedarse con su pequeño cuaderno debajo de las sábanas para aproximarse imaginariamente a la carne, la pasión, la transpiración... en las que ella logró encontrarse a sí misma.