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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

viernes, 21 de agosto de 2009

Viviendo la tan llamada muerte

2.
Este plano de consciencia, jamás adivinado ni sentido,
puede ser como un resplandor, o como una sombra negra;
y sólo se deja sentir desde el alma,
porque no morimos, somos la consciencia de lo que fuimos,
no existe la muerte, porque seguimos viviendo ad infinitum.
Y aunque la muerte del cuerpo es una cosa que me preocupa,
también he descubierto que la muerte a veces me habita por dentro.

Hace unos meses cuando Bauty se fue, la sentí en todo lado, en mi cuarto, en mis sueños
y hasta en el devenir de las horas.
Mi alma aún no lograba desprenderse del chiquillo aquel que jugó con nosotras
y nos hizo bromas y me enseñó a montar a caballo;
y la imagen del hombre ya enfermo, quebrado, dolido por la vida;
sus ruegos a Dios pidiendo sanarse,
sus días vacíos y sus sueños con su propia muerte. Sin duda su tránsito, fue uno de los que más me ha impactado: primero porque no pude estar a su lado cuando se marchaba; segundo porque a estas alturas de mi evolución personal consideraba
que es preferible vivir una muerte digna, a vivir muriendo en vida.
Sin duda me atacó una energía nefasta aquellos días de abril,
porque se fueron las ganas de vivir, de hacer, de habitar.
Sin duda fue una pérdida distinta.
Hace mucho más de 17 años, cuando Gaby marchó de manera inesperada;
el dolor llegó a la escala de Dios. Se fue tan rápido, fue tan cruel aquello que mi alma
casi no lo pudo soportar. Sabía que el cuerpo y la personalidad de Gabriela Sélum habían desaparecido, mis emociones no descansarían jamás hasta comprender en detalle en qué se había convertido.
El misterio la había transformado y me di cuenta de que yo y todos sufrimos esa transformación en casa.
Mamá se convirtió en una persona triste, sufrida y melancólica;
Fabriciana se unió más a mí, Lorena envejeció; Negri y Bauty encanecieron. Pero el misterio nos mantuvo unidos.
Desde aquella vez me dediqué a urgar sobre el misterio de la vida,
en tanto un aspecto íntimo de mi ser, en lugar de escapar hacia adelante y actuar como si no existiera yo seguí...
Aunque ya descubrí lo que pasa cuando morimos,
no solo por explorar, sino también porque médicamente me fui,
la muerte es algo que me sobrecoge,
por ser un tránsito grave y difícil.
Me he acercado muchas veces a la muerte,
casi siempre de manera involuntaria,
pero por algún motivo que ignoro,
nunca me fui a un lugar maravilloso;
siempre fui absorvida por una especie de vorágine oscura;
y luego las luces de colores pasaron en forma redonda,
finalmente la luz y un lugar lóbrego y triste.
Talvez porque mi consciencia en esos momentos me llevó a lugares
que eran aquellos de temor, angustia y dolor.
continuará...