
Lo que escribo no es otra cosa que la utopía del lenguaje;
lenguaje sensual y acariciador porque todos los espíritus conversan entre ellos,
se dan la mano, se besan o se rozan la piel; no tienen necesidad de otro tipo
de caricias.
Escribir para mi se volvió un arte,
una escapatoria, una fuga ad infinitum;
donde he sublimado y engrandecido un amor que al final no vale nada, no compensa nada; es como dice Sade: un orgasmo perverso
que no marca, no mancha, no deja huellas.
Sin embargo cuando te nombro mi lenguaje tiembla de deseo
porque te toca; va y pasa, se acuesta contigo, te besa,
te decanta y te enamora.
Es ahí donde mis palabras juegan porque están hechas de una sustancia química
que permite operar diferentes alteraciones en mi, en tí y en los otros.
Mis palabras están hechas
de una envoltura lisa perfumada, candente; alucinógena;
pueden producir en vos los más intensos deseos
o los más sublimes.
En mí producen ese jugueteo amoroso
que llena mis horas, me enciende, me llena y me besa;
aunque a veces te quiero aquí conmigo
quisiera comprar tu cuerpo como se compra a una prostituta;
revolcarme contigo y hacer de tu cuerpo una mariposa.
Por eso varón ven a mi lecho: que quiero!!