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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

viernes, 31 de octubre de 2008

De rodillas

Justo ahora se me viene todo el amor de golpe
cuando me siento triste y te siento lejano. P. Neruda

Entrevista a Roxana Sélum por Kate Leonard

Tu libro, D-Efectos especiales ha sido un verdadero éxito en Bolivia. Es difícil encontrarlo en las librerías porque la edición se ha agotado.
Sí, el libro fue vendido rápidamente, fue un fenómeno inusitado en el país, ya que normalmente los escritores venden muy poco o regalan sus libros entre sus amigos y ahí queda la cosa. Este fenómeno de la venta rápida del libro se debe al trabajo de lobby que hicimos con el editor. Visitamos medios de prensa, enviamos faxes a radio, prensa y televisión, invitamos a muchísimas personas, abarcamos en nuestra lista de invitados a personas de toda índole, fuimos más allá del reducido círculo de los escritores. Vendimos puerta a puerta con promotoras de venta y obviamente el tema vendía mucho, pues era la primera vez que dos bolivianas se atrevían a lanzar sus obras con el rótulo de "cuentos eróticos contados por mujeres". En las invitaciones y en las entrevistas fuimos muy agresivas, hicimos todo muy bien hecho, entonces fue un éxito.

Hablemos de la temática del libro.
Tiene lenguaje o estilos diferentes de narrar. La temática es sobre mujeres, mujeres solas, prostitutas, abandonadas, mujeres, siempre mujeres. Algo que se repite mucho es un lei motif ue es la mujer dejada, la mujer abandonada, pero la mujer que siempre después de eso saca una lección de esa amargura, de esa desazón digamos, de la tristeza que el hombre le ha dejado. El libro está dividido en dos partes: una de temas netamente eróticos y otra de temas de mujeres, que nada tienen que ver con el erotismo.

¿Cuándo empezaste a escribir el libro?
Ese libro lo empecé a escribir en la universidad el año 1986, allí había un escritor que nos enseñó las técnicas narrativas. El taller de redacción me dio las pautas, el talento ya lo tenía, los cuentos los tenía escritos algunos, pero de ahí para adelante nada me paraba para crear. Este señor luego dio otros talleres, de estilo literario, y se daba mucho para la creatividad. Ese semestre en 1986 escribí una novela, La tierra sin mal, aún inédita. Ese semestre descubrí que el cuento era lo que más me gustaba hacer.

¿Cuál ha sido tu formación educativa?
Estudié administración de empresas en Cochabamba, pero nunca ejercí. Estudié la primera carrera sin ningún interés, lo hice presionada por mi padre. Era una carrera que no me gustaba para nada pero no tenía alternativa ya que mi papá financiaría mi educación superior y no había modo de desobedecerle. La segunda carrera que estudié fue Comunicación Social en la Universidad Católica aquí en La Paz. Tiene bastantes áreas en su currícula educativa, materias que me gustan (tiene prensa, radio, televisión, periodismo de investigación, comunicación y desarrollo, redacción periodística, y muchas otras), entonces cada cual se especializa en el área que desee hacerlo, y la especialización te la da la experiencia en el trabajo cotidiano. En el tiempo que yo estudié, que fue hace cinco años, no existía una especialización en la universidad, eso lo lograba cada persona desde su experiencia personal y desde el área que le gustaba hacerlo. Yo me dediqué específicamente al área de comunicación y desarrollo, entendiendo este desarrollo desde una perspectiva más integral, holística, donde desde la comunicación educas, informas sobre determinados temas claves para la mujer, su desarrollo personal, su autoestima, sus derechos, el trabajo, la educación, la salud, es más bien un periodismo para la vida, muy comprometido con las interlocutoras que en este caso son las mujeres. Esto no quiere decir que no me gusten los hombres, también trabajo en el tema de las masculinidades desde una perspectiva de género. Entonces yo, desde el momento que egresé, empecé a trabajar en ONG sobre el tema de la mujer y siempre estuve trabajando en ese campo, desde hace como cinco años.

¿Me puedes explicar como funcionan las ONG´s en Bolivia?
Sí, tienen diferentes políticas, diferentes formas de trabajar. Existe un avance del movimiento de las mujeres muy fuerte y fortalecido, fruto de ese trabajo es que existe desde 1993 la Subsecretaría de Asuntos de Género, institución que desde el Estado es la encargada de generar políticas de igualdad en todos los programas y proyectos del Estado Boliviano. Yo me dediqué más al campo de la mujer. Algún tiempo trabajé en el ámbito de la educación también.

¿Qué es lo que haces exactamente? ¿Puedes describir el trabajo?
Es un proyecto del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) y la Subsecretaría de Asuntos de Género, cuyo objetivo principal es hacer advocacy sobre las Recomendaciones de las Cumbres del Cairo y Beijing en dos ejes principales que son derechos sexuales, salud reproductiva y participación política de las mujeres, también sensibilizar sobre el tema a autoridades de los municipios, a periodistas y a concejalas. También trabajo en capacitación a periodistas de todo el país sobre el tema de género y comunicación. Son personas que no conocen sobre el tema, que no están sensibilizados y que juegan un rol clave para incursionar con el tema de género en las políticas públicas del país. Capacitar así a cien funcionarios, hacer talleres de sensibilización con ellos, ése es uno de nuestros públicos y el otro es al poder local o los municipios, treinta y cinco municipios en todo el país. También produzco material educativo, de información, cartas informativas, manuales, boletines, realizar artículos sobre este tema

¿Has publicado muchos artículos sobre estos temas?
He publicado bastante. He publicado antes cuando trabajaba en otros lugares, en otra institución. He publicado manuales y libros referidos a la temática de salud reproductiva y género y sobre género y comunicación, algunos de ellos están en imprenta. Los artículos han sido muy retadores, agudos, cuestionadores sobre la participación de la mujer en política, la cuestión del lenguaje sexista, la participación de la mujer en la productividad, etc.

¿Hablemos de tu infancia. Naciste en Beni, ¿no es cierto?
Sí, en Beni, en un pueblito, San Ignacio de Moxos. Es mágico. Si no fuera de un pueblo no sería como soy ni tendría esa chispa. Me identifico totalmente con la mujer beniana: alegre, dicharachera, reilona, bromista. Viví allá hasta mis 17 años. Es un pueblo super chiquitito y que no llega a más de 8.000 habitantes. Es zona tropical, verde río, verde pampa, de calles pajolientas y cuando llueve una puede respirar el olor de la tierra mojada, o cuando llegas de La Paz al Beni, puedes sentir ese aire caluroso, el sopor del sol calenturiento. El Beni es uno de los nueve departamentos de Bolivia. Trinidad es la capital. Mi pueblo está a 90 kilómetros de Trinidad, pero yo soy esencialmente mujer de provincia, de pueblo, eso lo llevo en mis venas y lo transmito en muchos de mis cuentos.

¿Tienes memorias especiales de tus años en el Beni? )Qué influencias tienes de tu vida allá?
La influencia más cercana y de la cual tengo memoria son las historias que nos contaba la abuela Eufemia. Nos contaba casos, cuentos de miedo, historias de gnomos (allá les llamamos duendes), del "carretón de la otra vida", "del perro encadenado" y muchísimas otras historias que yo ahora las denomino "cultura del terror". Eso pasaba a mis cinco años. Más tarde como no existía otra diversión, ni había luz eléctrica en mi pueblo, ni había televisión en Bolivia (te hablo del año 68 más o menos), entonces nos reuníamos como diez niñas del barrio a contar cuentos, historias, que nos inventábamos, nos sentábamos en la calle o en el corredor de las casas, como las casas tienen corredores amplios, hacíamos un redondel y charlábamos, inventándonos historias, o simplemente repitiendo cosas de la literatura oral que es muy rica en tradición. Por ejemplo, la historia de aquel hombre que se convirtió en ave y su lamento ahora es muy triste porque su mujer se perdió en la selva y él se convirtió en el Guajojó. Es un ave que en la vida real tiene un canto lastimero y triste. Cuando él canta se lo asocia a desgracias, a muertes, debido a su leyenda. Las niñas de ahora ya no hacen lo que yo hacía, ahora ven televisión y telenovelas, no creo que hayan perdido la inventiva, la creatividad, tienen otros valores que a lo mejor son interesantes. Tengo una sobrina que vive rodeada de amigas, y un día cuando pregunté por qué la buscaban tanto, porqué era tan cotizada, una de sus amigas me dijo: "Es que ella es increíble para inventarse cuentos!" A mí me encantó la idea y empecé a mandarle libritos para incentivar su creatividad, y me fascinó la idea de que la costumbre no se ha perdido, la inocencia, la maravillosa travesía de nacer en un pueblo como el mío. Es un lugar de características particulares. Bolivia es muy diversa, el estereotipo que se maneja de la gente del Beni y en muchas situaciones es la realidad, es que las personas son amables, cálidas, buenas, cariñosas, espontáneas, tranquilas, y también otra característica es que todo se sabe hasta lo que respiras, todo es transparente, es como vivir en el aire porque todo se sabe.

Además de tu abuela, ¿cómo son los demás miembros de tu familia?
Soy descendiente de libaneses en segunda generación. Mi abuelo Juan vino del Líbano, de Beirut y se casó con mi abuela Fabriciana. A él lo conocí apenas, casi no hablaba bien el castellano. Sólo tengo la imagen de un hombre de cabellos blancos vestido con un terno de casimir de color negro y un sombrero que jamás se lo sacaba. A mi abuela no la conocí. Ella murió de viruela a los 30 años. Papá me contaba que fue una mujer muy bella con un rostro perfecto. En esa época no se permitía enterrar a las personas que morían de alguna peste y en aquella época la viruela no tenía cura. La gente se moría y era discriminada, mi abuela fue enterrada en un lugar alejado y jamás encontraron sus huesos. Los hijos estaban demasiado pequeños, nunca supieron dónde fue enterrada porque ese sitio era monte. Eso respecto a mis abuelos paternos.
A mis abuelos maternos los recuerdo también muy poco. La abuela Eufemia en realidad no era mi abuela, sino la abuela de mis vecinas Denny y Lizarda con quienes pasé la mayor parte de mi niñez. Mi abuelo Carlos tenía la cabeza blanca y murió cuando yo tenía 17 años, era un abuelo común. Mi padre era un hombre renegón y cariñoso a la vez. En toda su dureza dejaba entrever un caudal de ternura siempre, siempre me elevó la autoestima, me hizo creer que era una mujer que lo podía todo, inteligente, bonita, audaz. Después con los años me di cuenta que yo era tan vulnerable como cualquier persona, y que el exceso de autoestima y egolatría no son buenos para nada, la vida se ocupó de enseñarme que no debería ser así y cambié completamente. Ahora soy una persona humilde. Mi madre es más grande de lo que yo me imaginé. Es una mujer noble, dedicada a Dios, a sus hijos, a la casa. Es la típica madre tradicional que conocemos todos, trabajadora y fuerte. Pero su valor radica en esa capacidad que tiene para aguantarme ahora como si yo fuera su madre. Desde la distancia nos contamos las cosas, nos aconsejamos, reímos y lloramos, pero sobre todo mis cartas y mis consejos están dirigidos a su actitud ante la vida: mamá tienes que hacer esto, tienes que tomar esta decisión, etc. Debe ser a que está sola pese a que vive con dos hermanas mías.
Bueno, mi familia es la típica familia del Beni, pero somos muy diversos. Tengo dos hermanas dignas de una novela, de caracteres fuertes, duras, y tengo otra que es tan buena, tan sumisa que a veces sufro por su falta de autoestima. Mi hermano Bauty es un personaje maravilloso, genial, fuera de serie. El me hacía jugar por los árboles, saltar de un árbol a otro, me enseñaba fútbol, a montar caballo, a hacer cosas que las niñas no estaban acostumbradas a hacer. Yo hacía todo lo que él hacía, jugaba a las muñecas, pero también me gustaba la aventura y todo lo que significaba reto, me abismaba en el peligro de la selva, a él le fascinaba el hecho de que yo no decía no a nada, que no le temía a nada. No tenía límites, no medía el peligro, no tenía temor ni a las víboras ni a nada y eso él me lo enseñó. Ahora que vivo hace casi 20 años fuera de mi pueblo, me causa temor todo eso.

¿Cómo surgió la motivación para escribir?
La motivación para escribir vino del aire, del viento, de la lluvia, de los árboles, del alma, de mi hermana mayor; ella leía mucho, con la que éramos muy afines, muy parecidas, ella era la mayor y yo la menor. Muy parecidas físicamente, nada más que yo soy blanca y ella era morena, ella también murió. No vivía con nosotras, pero mandaba cosas o cuando venía en vacaciones traía libros, revistas, y también una amiga que viajaba constantemente a Chile, llegaba con buena literatura y me decía "¿Por qué no lees esto?" Y empecé a leer mucho. En ese entonces no discriminaba entre lo que era buena o mala literatura. Ya a mis doce años empecé a escribir poesía. Pero pasó lo típico, me daba vergüenza mostrar lo que escribía, pero me destacaba en la escuela y en el colegio porque escribía bien. Cuando tocaba hacer algo de redacción, redactar bien o hacer alguna cosa alusiva a alguna fecha, sobresalía, ya yo notaba que me gustaba escribir, pero escribía poesía. Poesía muy influenciada en ese época por los románticos.

¿Presentabas tus poesías en concursos?
No. Simplemente en la clase me destaqué y ya cuando estaba en la universidad estudiando el básico de Administración de Empresas, de la otra carrera, un cura español que nos daba lingüística y amaba la literatura me dijo que tenía talento y que debería cultivarlo. Me dijo: ¨Eres grande, muy grande!¨ Yo tenía 18 años y mi vida giraba en torno a cosas muy superficiales, me gustaban las fiestas y los chicos.

¿Cuándo empezaste a escribir cuentos?
Empecé a escribir mi primer cuento cuando vivía en Cochabamba en 1984. Un día sentía necesidad de escribir y no sabía cómo hacerlo. Yo estudiaba una carrera que no me gustaba pero yo quería escribir unos cuentos. Entonces le pregunté a un escritor conocido en Cochabamba, Igor Quiroga, él estudiaba filosofía y letras, también me prestaba libros. Le dije, "Tú que estudias filosofía y letras, por qué no me explicas cómo se hace un cuento?" No me enseñó ningún estilo ni ninguna forma, simplemente me dijo, "Hay que tratar de llegar al pueblo, de universalizarse, de que la gente entienda tu lenguaje".

Entonces cuando escribes cuentos, ¿diriges éstos una persona o un público especial?
No, no dirijo hacia ninguna persona especial. Pienso en lo que me dijo Igor Quiroga, que me entiendan todos, el cuento va cargado con todo un desgarre interno mío, la ficción y un poco de realidad, frases precisas, a veces ironía y maldad, pero escritos en un lenguaje fácil, para qué complicarse, para que te digan, "¡Ah! que intelectual eres". No, no necesito transmitir eso. Por eso son tan fáciles de entender. Es un lenguaje muy simple porque yo pienso que un tema común y cotidiano puede traspasar barreras y llegar a todo lado y que el común de la gente lea, entienda y se identifique con ese cuento. No lo hago así porque yo quiero que todos se identifiquen con mis cuentos.

¿Tienes alguna relación especial con los personajes en tus cuentos?
Casi siempre, porque los personajes son personas cotidianas, mujeres y hombres que me rodean, con quienes vivo o trabajo, amigas que me cuentan historias que yo las convierto en cuento. O simplemente personajes que viven en mí desde mi infancia. Muchos de estos cuentos son historias que me han contado y me han impactado. Un ejemplo es el último cuento del libro: "Matrimonio por desespero". Una amiga me dice un día, "Tú sabías que la tía María se casó con el tío Rolando sin jamás haber enamorado antes?" Yo le contesto que no tenía idea de esa historia, entonces ella me contó en cuatro frases y yo la plasmé tal cual, pero lógicamente con todo lo que implica ya el enriquecimiento de la descripción narrativa. Entonces mucho de eso tiene que ver con la realidad, son personajes que yo conozco. Pero no es toda la verdad, ¿no? Pueden ser anécdotas que me cuentan y que a mí me impactan. Por ejemplo "La virgen terrena" es otro cuento con mucho humor, es la historia de un tío mío, en tono de broma mi hermano me cuenta y me dice, "Sabías tú que el tío Raúl un día se fue a otro pueblo escapando de la política, acá dejó a su mujer y a sus dos hijas". Llegó a otro pueblo y se enamoró de otra y dejó a su mujer y a sus hijos aquí. Y cuando un día la nueva mujer le encuentra en la billetera la foto de una señora de esa época vestida como una virgencita con su vestido blanco que le tapaba todo el cuello, mangas largas, su cabello ondulado pegado a la sien, la nueva mujer le reclama y él contesta, "No, no es otra mujer". "Ah", le dice ella. "Tú tienes otra mujer. Has debido tener otra mujer y debes tener hasta hijos". Y era tan mala la mujer que le respondió "Si me mentís, te mato". Entonces él, por librarse, le miente: "No, es sólo una virgencita," y a partir de ese día la nueva mujer creyó el cuento y le ponían velas y le rezaba como a una virgencita. Entonces yo a ese cuento le puse mucho de mi inventiva, de mi humor y también de mi soledad.

¿Y se enteró la mujer de la verdad,¿ o no?
Pasados los años se entera que efectivamente el hombre tenía mujer e hijos, que en el otro pueblo había dejado a una mujer e hijos pero no era casado con ella porque en ese tiempo se acostumbraba a no casarse y en el cuento yo le he puesto como si fuera casado y como que si la hubiera dejado a su primera mujer, legítimamente casado con ella. Entonces, al final, ya ella, la nueva mujer, no lo mata como le prometió, más bien se casa con él. No le hace nada de lo que dijo porque le parecía un hombre encantador. Y tuvo hijos también. Verás, la mayoría de mis personajes están vivos, otros muertos como este tío mío.

¿Te consideras autora feminista por tus cuentos relativos a la mujer?

Autora feminista, no, el feminismo se inscribe en una corriente filosófica que tiene que ver con las relaciones de poder, con la política, la discriminación y subordinación de la que han sido objeto las mujeres desde tiempos inmemorables, y lo mío no es una literatura feminista. No, se habría que analizar, pero si pensamos en una literatura feminista, la cosa ya tiene otra connotación, porque podríamos hablar de una literatura de hombres y una de mujeres. Creo, sin embargo, que sí milito por la igualdad entre hombres y mujeres, eso es relativo al trabajo, la literatura es otra cosa. Me encanta escribir sobre mujeres, tal vez soy feminista sin saberlo. Tengo cuentos escritos como si los hiciera un hombre. Por ejemplo, tengo la historia de un amigo que me contó la historia de él cuando era chico. Entonces, yo la escribí como si yo fuera hombre. Mucho de eso también hago, pero siempre tiendo a defender a la mujer.

¿Por qué?
Porque he visto mucho sufrimiento en las mujeres y mucha opresión de parte de los hombres. He sufrido en carne propia los problemas de la violencia psicológica...de toda esa degradación. He visto a mis hermanas pasar por cosas parecidas y yo misma he sido una víctima más de esas personas de las cuales se ven en mis cuentos tristemente retratadas. Debe ser por eso.

¿Te preocupa la opinión de los críticos cuando escribes?
Ocurre que no me interesa, porque yo sí sé donde quiero ir, donde quiero llegar cuando escribo algo y no me interesa tanto lo que vayan a pensar los críticos y las demás personas. Además, en Bolivia no hay críticos. Qué puedes esperar de unos señores que estudian años, se adormecen el cerebro y no crean nada, se la pasan de "criticones" que es diferente a hacer crítica literaria. Ellos no me interesan. Sé que mi trabajo vale y para mí eso es lo importante. Además, yo soy muy autocrítica. También hago leer mis cuentos a personas amigas, a escritores y a personas que no tienen idea de literatura, es una especie de pretesteo, de sondeo de opinión sobre lo que he escrito. Eso sí que lo tomo en cuenta. De mi libro D-efectos se habló mucho, hubieron muchísimos posiciones, de que no eran cuentos eróticos porque estaban mezclados, que el lenguaje estaba totalmente mezclado. Y efectivamente el lenguaje transita por uno y otro estilo y ése es el gran problema. Está escrito con un lenguaje diferente entre unos y otros cuentos. Pero es mi estilo de ser y no voy a cambiar. Puede ser que elegir un estilo y un tipo específico de narrar sea maravilloso y que si hago lo contrario no me permita crecer pero no me interesa. Yo escribo como quiero y de acuerdo a mi estado de ánimo. Eso sí tengo que reconocer que no debo mezclar tipos de lenguaje, o diferentes estilos de escribir en un sólo libro pues ahí habría un gran problema. Yo creo que no es sólo una búsqueda de lenguaje o de estilo, sino que es mi forma de ser. Constantemente soy así, nunca estoy en una cosa, todo el tiempo casada con un estilo preciso. Ahora, muchos dirán que esa forma de ser mía tan particular, signifique que no soy una escritora, pero tampoco me interesa lo que los demás piensen, no vivo en función de los otros. Escribo por ejemplo para la TV Guía, ahora estoy en el periódico Hoy, antes en el periódico La Razón. Entonces escribo obviamente con seudónimo. Te voy a mostrar los estilos y te vas a asombrar de la variedad de estilos que manejo, porque eso dependía de mi estado de ánimo. Y esos estilos era una especie de cuento, de historia, de una pareja que ven la televisión y critican la producción nacional en televisión o hacen comentarios, obviamente esto lo hacíamos con Juan Carlos Ramiro Quiroga, otro escritor, después él se enamoró en serio, se enamoró en la vida real (porque en la columna que teníamos supuestamente éramos pareja) y me abandonó, de modo que yo hacía de hombre unas veces, otra de mujer, y mi lenguaje caminaba por diferentes estilos.
Yo creo que esto se puede hacer en periodismo, que es muy duro hablar de literatura y andar diferentes lenguajes o estilos, pero es un lujo que yo sí me permito aunque me cueste la etiqueta de que digan que no soy una escritora. Por lo menos hasta ahora nadie dijo lo contrario.
De repente muchos críticos dicen que yo andaba como muy imitadora de García Márquez y muy parecida a Margarita Duras en otros cuentos. ¿Te imaginas esa mezcla? Claro, era parecida a ellos pero con todo el ingrediente beniano, al estilo oriental, al muy estilo criollo. Entonces, acepté todo eso, acepté toda la crítica. Unos chicos de un taller de literatura con los que yo estuve charlando un día me dijeron que mis cuentos, por ejemplo el más famoso que yo escribí en el sentido que se ha hecho conocer, "Las hijas de Dhango", decían que era un cuento lírico, que no era un cuento erótico, que no había necesidad que yo escriba una cosa así porque se había hecho tanto ya en Latinoamérica. García Márquez, Jorge Amado y tantos otros habían hablado de putas, y que no valía la pena que yo lo haga y cosas por el estilo.

¿Cuál fue tu respuesta?
Que estaba muy bien que existiera ese tipo de literatura, que yo tenía igual las ganas de hacer lo mío, lo propio, lo que no se había hecho en Bolivia, tal vez. Así respondí. Entonces, era un poco por picarnos, por molestarnos, porque somos mujeres, porque les parecía inaudito que una mujer escribiera sobre putas y con tiente erótico. )Por qué no habría de hacerlo? No era un asunto de vida o muerte, o lo hacía o no lo hacía. Pero luego estos amigos han aceptado algunos cuentos como válidos porque después ellos también han aceptado que es algo que gusta.

Entiendo que no participas de forma organizada en los talleres, pero, ¿crees que el taller es importante para la literatura femenina? He notado que la mayoría de los cuentos que he encontrado han sido producto de talleres o son publicados por talleres.
Creo que sí vale la pena que se organicen talleres, las mujeres estamos cada una por su lado y que se saquen cosas de ahí porque salen cosas buenas. Creo que es importante porque ayudaría muchísimo. Por ejemplo, la persona que tal vez no tiene una formación teórica, digamos, o académica, si se quiere llamar, tal vez le ayudaría mucho. A mí me han ayudado los talleres a nivel universidad, si no, no me hubiera lanzado como me lancé porque escribir por escribir, los talleres me dieron seguridad, me enseñaron las técnicas, me ayudaron a aclararme más la figura.

¿Cómo ves tu futuro siendo escritora?
Negro.

!No! En serio.
Yo pienso que si me dedico un poco más, puedo llegar muy lejos. Pero he dejado de escribir hace seis meses. Cada vez que escribo algo, siempre termino como muy enferma. Me enfermo de todo.

¿Físicamente?
Físicamente. Me queda como un vacío muy grande, muy fuerte. Una satisfacción los primeros días pero después una cosa muy...muy desgastante. O sea, yo pongo todo, todo el ámbito, las emociones, el alma, el espíritu todo...lo meto todo en hacer la cosa. Entonces me viene una depresión fuerte, tal vez ligada a otras cosas, obviamente.

¿Sientes que sufres mientras escribes también?
Sufro de ansiedad y de insomnio porque escribo por las noches, nunca de día. Entonces, es muy fuerte la cosa porque me emociona. Me viene tal ansiedad que son las tres de la mañana, cuatro y no puedo dormir, y al día siguiente tengo que trabajar. Me viene una ansiedad muy fuerte. Es como una liberación, como desligarme de los demonios del lenguaje.

¿Llegará el momento en que puedas vivir de lo que escribes y dejar de trabajar en otro campo? ¿O es esto imposible en Bolivia?
Precisamente el otro día hablábamos con Walter Chávez sobre ese problema, de si vivir con la literatura o de la literatura. Yo sentía que en este país no se puede. Pero si se toma la literatura como un oficio, el trabajo como un oficio, yo digo, bueno, voy a editar este libro, me voy a dedicar a pasarlo a todas partes del mundo y distribuirlo por todos lados y que esto se venda y distribuir y sacar fondos y poder financiarme más libros y hacerme conocida. Se puede si una se dedica exclusivamente a eso. Yo creo que sí se puede, pero por otro lado, yo siento que estuve dos meses sin trabajo y yo me sentía como huérfana. Decía, "Voy a poder hacer otras cosas, voy a poder terminar mi libro, voy a poder hacer esto, voy a poder hacer lo otro, estos dos meses van a tornar una maravilla". Entonces yo después sentí que no podía. O sea, no podría simplemente dedicarme a escribir, a no ser que tuviera una persona a mi lado que me dijera, "Mira, dedícate tú a la literatura y solamente haz eso". Pero no tengo a esa persona, no existe esa persona. Entonces, pienso que por este momento tengo que trabajar y compartir ambas cosas. Y estoy recién en la etapa de querer terminar, de querer empezar a escribir. Estoy en una etapa recién así nueva, como recuperándome.

¿Qué harás cuando te repongas?
Pienso terminar el libro de los relatos que te comentaba, pulirlo un poco más.

¿Tiene ya título?
Ya tiene, tiene un título muy chistoso, se llama "Amores de marras". Marras en el sentido metafórico de lo que ya no está. Lo que ya no existe, que se ha perdido. Es la historia de dos amores en dos tiempos diferentes. El amor largo de una etapa de diez años, el amor intenso, profundo, y el amor super corto. O sea, dos amores, la misma temática, de que la persona se perdió por esos dos hombres. Le estoy dando vueltas. Tenía que haber sido publicado, pero sentí que le faltaba madurar un poquito más. El primer libro había sido un éxito, lanzar una cosa que es menos interesante, menor, me parecía mala idea. Si el otro es más de pueblo, éste es más urbano, más de ciudad, más de lo que ha acontecido estos últimos tiempos, más autobiográfico si se pudiera decir.

¿Encuentras alguna diferencia entre los temas de los autores y las autoras?
Hay una diferencia porque la mujer ve las cosas con más sensibilidad. El hombre llama rojo lo que la mujer llama magenta, carmesí, bermelho, describe más los colores, los olores y es de matices y de colores que está hecha la literatura. Entonces, la mujer tiene muchísima más sensibilidad, le da como color, sabor, a las cosas. Así lo siento yo. La mujer escribe ya no como objeto del deseo, sino como sujeto de su propio texto, de su propio deseo. Además, a las mujeres se les pregunta si lo que escriben es de su vida personal o es ficción e inventiva, pero a los hombres nunca se les hace este tipo de preguntas sexistas y discriminatorias. Creo que todos los autores hombres o mujeres le ponen algo de sí a sus cuentos o escritos, nada puede ser netamente ficcional, está tu subjetividad, tu elemento añadido, tu creatividad y está también la realidad. Juegan con ambas cosas, )no? Tanto hombres como mujeres, juegan con eso porque es parte de su vida, de su forma de ser y de todo su entorno.

¿Estás de acuerdo con la idea de que la literatura latinoamericana está comprometida con lo social o lo político?
Sí, en algunos casos. Por ejemplo, lo que he notado en la literatura de Chile, es que la mayoría de las mujeres que han escrito, han escrito en una etapa de represión. Además, hay muchas autoras feministas, eso tiene mucho que ver con la década de los 70 o la aparición del feminismo y la cuestión de género como categoría de análisis, con el movimiento de mujeres a nivel mundial. Entonces, la literatura es como muy contestataria, como muy ligada a lo social, al problema político. En Bolivia, tal vez en otras épocas se dio así después de la guerra del Chaco con el Paraguay. Particularmente yo siento que estoy comprometida también con lo político. El problema de la mujer y la problemática que yo toco es una cuestión de poder, y es una cuestión política, porque si bien esas mujeres de mis libros son abandonadas, dejadas, casadas a la fuerza o por desesperación, o prostitutas, esas mujeres sacan una fuerza vital que las anima, las levanta, resucitan y son muchísimo más valerosas, más poderosas porque se han fortalecido. El dolor, la decepción las ha engrandecido y son menos vulnerables y tienen más poder, poder para sobrevivir, para seguir luchando en la vida pese a las adversidades. Y el poder no se lo ve pero si se lo ejerce y las mujeres lo ejercemos. Esa es una cuestión que yo toco mucho.

¿Es el propósito de tus cuentos comprometidos reflejar lo que se vive, o quieres transmitir algún otro mensaje, enseñarle algo a alguien?
No puedes enseñarle algo a alguien, simplemente protestas y te haces escuchar, pero sola y aislada no puedes lograr mucho. Entonces, es tal vez un modo contestatario de sacarte tus demonios.

¿Encuentras alguna diferencia entre la literatura de la generación anterior, por ejemplo, en las obras de Yolanda Bedregal, Alcira Cardona Torrico, Adela Zamudio y la literatura de la actual generación?
Claro que sí. Los tiempos cambian y no podemos decir que doña Yolita se parece a Marcela Gutiérrez o a Ericka Bruzonic. Hay como un destape, obviamente. De que si existe una diferencia enorme entre las antiguas y nosotras las modernas, el cambio es abismal. Ellas vivían en otra época, eran otros tiempos, se hablaban de otros valores, se restringía más a la mujer, había muchísimo más marcada la cuestión patriarcal y del sexismo. Hoy son otros tiempos, la mujer escribe sobre su cuerpo, sus propias fantasías, lo que sus fantasías eróticas o sus sueños van diciendo, van pariendo fantasías, pequeñas utopías, no tienen temor de decir lo que sienten o lo que piensan. Si las otras lo decían con el alma y el corazón, nosotras lo decimos con el alma, el corazón, el cuerpo, el espíritu, las vísceras, los riñones, los brazos, las piernas.
No las he leído nunca porque simplemente no me atraen, con mucho respeto lo digo, porque creo que su escritura valió y sigue valiendo, han sido las pioneras. No es por un despecho a la literatura boliviana, no, sino que ocurre conmigo que puede ser el mejor escritor y si a mí no me gusta de entrada yo no lo leo. Me tiene que gustar, agarrar en las primeras dos páginas para que yo lea. Tiene que haber esa complicidad entre el lector y el autor, el placer del texto. Existen autores que leo y releo, como Juan Rulfo, Margarita Duras, Margarita Yourcenar, Clarice Lispector, Roland Barthes, Lefevre, Skármeta, Joyce, Echenique, y tantos otros, y siempre encuentro cosas diferentes, interesantes, ellos para mí tienen magia. Por ejemplo son libros que yo los leo siempre, porque me gustan y hay otros que no los leo nunca, o sea, eso no quiere decir que Bedregal o las otras autoras antiguas no tengan valor, sí lo tienen. Antes las mujeres eran las sumisas, más tranquilas pese a que en la etapa de Adela Zamudio y otras poetas han sido sumamente buenas, era una etapa romántica de la vida, era la época de acuerdo a lo que en literatura se estaba dando, a lo que leían o sentían. Me imagino que todo está dentro del contexto en el cual vives. Ahora en la literatura actual de las mujeres, existe una literatura romántica, pero también hay más agresividad, más destape, más ganas de transgredir el orden establecido. Ya las mujeres no se quedan en su casa sino que salen a competir en los espacios públicos, y estudian y leen mucho, son más competitivas.

¿Sientes que algo falta en tu formación como escritora?
Sí. Yo siento que necesito más tiempo para leer. A mí me gustaría leer y estudiar mucho más. No sólo es importante leer sino saber entender lo que se lee, como decía Humberto Quino, otro amigo poeta. Mi formación ha sido llevar un poco lo básico, lo elemental de literatura en la Universidad Católica Boliviana, y bueno, he leído en otros tiempos bastante. Ahora trabajo y leo otro tipo de libros, estoy leyendo otro tipo de literatura. En realidad cuando leo algo que me gusta leo en uno o dos días, dependiendo del volumen, soy un ávida lectora. Este tiempo sobre todo he leído a más de 20 autoras mujeres, con toda la teoría de género (Lagarde, Hiriart, Valle, Jennifer Cooper, Amado, Patricia Violi, Simone de Beauvoir, Tununa Mercado, Nelly Schnaith, Diamela Eltit y tantas otras). Como viajo mucho, entonces llevo libros y eso es lo que leo, prácticamente para enriquecer mi trabajo con mujeres. A veces siento que me falta un poco más de tiempo, de ganas. Por otro lado soy una mujer sin límites, y soy una mujer de etapas. Una época me leí a todos los clásicos de la literatura universal, más los clásicos de la literatura erótica en menos de cuatro meses (eso fue cuando tenía 20 años). Estaba de vacaciones y como tenía una hermana que leía y compraba libros, y yo no compro, me leí todo ese montón de información en muy poco tiempo. Los resultados fueron desastrosos porque no quise saber de literatura casi un año. Ahora estoy leyendo mucho cosas de género.

¿Qué futuro tiene para ti la literatura femenina boliviana? ¿Habrá más producción literaria, o ésta disminuirá? ¿Habrá más escritoras?
Yo creo que va a haber más mujeres escribiendo, es más, hay muchas mujeres que yo sé que escriben, sólo que no tienen la oportunidad de publicar. Va a haber mujeres escribiendo, la cosa no va a desaparecer. He notado un gran avance. Lo que pasa es que yo tengo muy poca comunicación con la gente de literatura que la debería tener porque hay gente muy buena, muy interesante. Entonces, siento que ya ellas han empezado algunas veces a hacer talleres, encuentros de mujeres, y ya en otros países se realizan desde hace años y aquí recién se han empezado. Si se motivarían encuentros de mujeres, tanto de periodistas o mujeres que escriben, que hacen literatura, podría ser que haya gente.

La Paz, marzo de 1996 y julio de 1997


Anoche buscando tu cuerpo en otro cuerpo,
cerrados los ojos casi lo creo,
porque así de cruel es esta vorágine
que me pone un varón y me sumerge entre sus piernas,
qué locura desandar la travesía
sentir vibrando sus sentidos
sentir el goce de cuerpo y el mío,
sabiendo que el placer
nos arrastraría hasta la orilla
y abismada en su regazo
pude innoblemente perderme
entre sus besos.
Gozar desmedidamente, cómo quisiera rescatar
ese amor tuyo, darte las monedas sonriendo.
Esperarte en casa sola,
otra vez comenzar a quererte
sin que tanta miseria irrenunciable nos hubiera sucedido.
y seguir en esta nada
que a otra nada nombra.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Artículo La Razón

Del blog art-erotic
Roxana lucha para seguir debajo de las sábanas
(La Paz - La Razón - Escape)Nació en la poesía, saltó al cuento ecológico y comenzó a nadar en el relato erótico. La culpa la llevó hasta la cama. Ahora, a sus 42 años, ya sabe qué quiere.Amparo Canedo Fotos: Andrés RojasNo sabe por qué la poesía abrió los ojos cerca a un corral en San Ignacio de Moxos cuando ella tenía 12 años. Ni por qué los potrillos desenfrenados que correteaban en su pecho salieron después relinchando para convertirse en el primer poema escrito. Ahora, a sus 42 años, los potrillos de Roxana Selúm Yabeta son caballos sedientos que cuando emergen adquieren la forma de un hombre desnudo sobre la cama en un cuento erótico.“La poesía me buscó a mí cuando estaba sentada a la una de la tarde en el corredor de mi casa. Hacía mucho calor y no podía dormir. Empezó a llover. Sentía algo raro. Estaba como medio melancólica y medio triste. Era como si algo me persiguiera. No sabía qué era. Después me di cuenta de que quería escribir. Un mes después, cerca del corral empecé a hacer poesía en rima. Era chistosísima”.No tardó en abandonar los versos porque no le gustaba ser llamada poetisa. “Me recordaba aquello que me dijo mi papá sobre que cualquiera es poeta. Y, en realidad, tampoco yo lo era”.Un día agarró maletas, abandonó los versos en su pueblo y levantó vuelo hacia Cochabamba. Allá terminó la secundaria en el Instituto Americano y comenzó la carrera de Administración de Empresas. Era un capricho de su padre que sólo le serviría después para organizar su casa, su vida y, tal vez, sus lápices de escritora. A sus 25 años engendró la prosa en dos cuentos: El Tigre y La víbora culebra que aprendió a hablar el castellano. El hermoso rostro de luna llena volvió a mostrarse inquieto. Necesitaba un cambio e hizo nuevamente maletas para partir de Cochabamba. Llegó a La Paz en1990, donde estudió Comunicación en la Universidad Católica Boliviana.Ese año, el escritor René Poppe le dijo que tenía todo, pero algo le faltaba y la llevó hacia la literatura erótica. El primer fruto fue Las hijas de Jango, la historia de tres prostitutas hermosas nacidas de una madre también prostituta. En 1994 vería la luz su libro de cuentos D‘efectos especiales. Varias escritoras como ella han construido relatos eróticos en Bolivia. Están Marcela Gutiérrez, Velia Calvimontes, Inga Llorenti, Valeria del Barco, Anabel Gutiérrez León, Giovanna Rivero y Jaqueline Saavedra, entre otras.Su paso por el erotismo es distinto al de los narradores varones. Y no porque el lector tenga la manía de encontrar diferencias entre mujeres y hombres escritores. Ellas son como arañas que tejen alrededor de la penetración masculina algún tipo de pensamiento o sentimiento que va más allá de la carne. A veces es su soledad. Ellos (muchas veces) abordan sus historias sin remordimientos: sus personajes llegan, se suben y se van.La obra de Roxana Selúm no escapa a esa diferencia. En la recopilación de cuentos eróticos de Jaime Iturri Salmón, una mujer otoñal acuesta su soledad en el cuento de Selúm llamado Mi intimidad sin ti: “Había pasado sólo unos minutos... las medias resbalaron, mi deseo era explorado por la memoria. Mi mano en el vértice simulaba tu lengua... mientras yo alcanzaba el cielo, tú con tu puta soñabas en que ella, como Magdalena, podría algún día ser redimida”. A pesar de que a Selúm no le gustaba ser llamada poetisa, su paso por los versos la ha marcado. A veces, su prosa erótica se mueve entre las imágenes poéticas, el humor, la soledad, la sensualidad y aquel lenguaje de la gente sencilla: “Los cuerpos rodaron hilvanando en la mente la más grande de las sensaciones. Tú lamías, gemías, respirabas como un potro en celo y murmurabas: Me gustas todita, toda entera tú. Me quedaría por siempre dentro tuyo”.Y ese mundo de almohadas le provocó, precisamente, una gran culpa. La transgresión de normas sociales la sintió en piel viva y sentada sobre su cama, donde suele escribir en un pequeño cuaderno, ahora lo confiesa. Su atrevimiento (así lo entienden las malas lenguas) de echar a volar sobre la pasión humana no sólo la llevó hacia los puertos del éxito, sino que fue a parar debajo de las sábanas y se quedó ahí un buen tiempo enferma. Se conflictuó tanto, que para salir del abismo en el que se hundió, tuvo que despojarse hasta de su religión.Ahora es libre. Por lo menos así se siente. Y no le importa lo que la gente opine de ello. ¿Quieren creer que ella tiene mil amantes? ¿Quieren imaginarla desnuda al lado de dos mujeres y un hombre? ¿Quieren resucitarla en una escena de orgía total? Háganlo. “Yo he dejado de vivir para la gente. Ahora vivo por mí y para mí”.La sociedad parece no estar aún preparada para aceptar que en las lides de la literatura erótica, una escritora no tiene por qué ser vista como dama de compañía.Las autoras de la línea rosa, que las hay buenas en Bolivia, suelen contar lo que sus oídos han tenido que soportar de la gente. Giovanna Rivero comentaba en cierta ocasión a La Razón que muchas veces se le acercaron como si esperaran encontrar en ella al personaje femenino erótico de sus relatos. Aunque ya ha logrado transgredir varias normas, Selúm aún mantiene dentro suyo algunas barreras no traspasadas y que ella tampoco tiene la intención de saltar. Por ejemplo, el incesto. En la línea literaria rosa no faltan aquellos argumentos donde hermanos se inmiscuyen sexualmente con hermanos o padres. Sin embargo, ella no necesita de estas tramas, no las siente suyas. Y tal parece que las otras escritoras tampoco han sido llamadas por ese tipo de argumentos porque en sus obras éstos no son recurrentes.Ahora, sentada con su pijama celeste sobre su cama de dos plazas en un departamento ubicado cerca de la plaza Avaroa de Sopocachi, la voluptuosa y alegre escritora sólo aspira a quedarse con su pequeño cuaderno debajo de las sábanas para aproximarse imaginariamente a la carne, la pasión, la transpiración... en las que ella logró encontrarse a sí misma.

jueves, 23 de octubre de 2008

Cuento- Mi intimidad sin ti




¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Quevedo


Recuerdas, Omar, la noche aquella de nuestro aniversario de bodas. Yo te esperaba ansiosa para ir a celebrar. Me puse las ligas con aquellas medias negras que tanto de gustaban, el vestido rojo pegado al cuerpo, los tacones altos, el maquillaje antiguo, eran las 12:00 y aún no llegabas.

Casi al alba, me quité el vestido, desabotoné el sostén apretado y al incorporarme para quitarme las medias sentí tus labios recorriendo mi espalda con furia loca, como antes, como entonces, y me dejé llevar por ese placer que llenaba todo mi espacio. Los cuerpos rodaron hilvanando en la mente la más grande de las sensaciones.

lamías, gemías, respirabas como un potro en celo y murmurabas:

-Me gustas todita, toda entera tú. Me quedaría por siempre dentro tuyo.

Luego nos volteamos, tú sabes, besas, me muerdes, te escurres hacia abajo y besas hasta hacerme perder los estribos. Tu boca es un huracán, tu lengua explora en aquella selva negra, mi cuerpo es monte abierto, tus manos son garras que se aferran a mis nalgas y penetras, penetras...

-¡Ay!, cómo me gusta lo que tu cuerpo destila -dijiste.

-Destila la miel que tu cercanía produce -balbuceé, ya en el límite. Te incorporaste hasta mi boca introduciéndolo todo y bebí aquella leche de la vida.

Había pasado sólo unos minutos... las medias resbalaron, mi deseo era explotado por la memoria. Mi mano en el vértice simulaba tu lengua... mientras yo alcanzaba el cielo, tú con tu puta soñabas en que ella, como Magdala, podría algún día ser redimida.

Me incorporé sin prisa, limpié el rimel de mis ojos, despinté el carmín de mis labios. ¡Mi intimidad sin ti son sábanas sin arrugas!

SELÚM YABETA, Roxana. Mi intimidad sin ti. Antología del cuento erótico boliviano. Alfaguara: La Paz. 2001

martes, 21 de octubre de 2008

Arena resbalando...


Arena resbalando
He visto frene a mílas aguas incontenibles llegar hasta mi orilla,
la arena salpicando en mi regazo,
la arena cantando en mi oído,
arrasando con todos los recuerdos tuyos,
tapando las viejas ,
el abandono se abre su cuerpo como una caja de resonancias,
avanza sobre la playa,
un pie se desliza como al descuido tocando el mío,
arena estrepitosa se interna en mi piel,
una mano se interna sobre la ingle,
arena estrellándose,
arena tocando el pecho,
arena encima del mundo,
es como una tempestad sobre los cuerpos.
Yo no haré nada amado,
para aquietarme,
esto es algo que me lleva,
me inunda,me apacienta, me contiene,
es como una tempestad estrellándose sobre mi boca,
tiene algo de furia, de incontenible, de perverso,
es él con su goce,yo junto al suyo,
es como un viento huracanado que llega hasta mi orilla
y no haré nada amado para aplacarlo,
cederé mi cuerpo como ofrenda,
como un rito de pies descalzos,
hubiera querido que esto sucediera,
pero ya vez borraré de mi corazón las cosas vanas,
y no dejaré nada más que una ventana sin estrellas,
una puerta cerrada al tuyo que fue nada más ¡ya fue!

Cuento -habernos conocido antes

Foto del Blog los tacones rojos

Ellos se conocieron en una discoteca, desde ese instante reconocieron ese halo extraño que despiden los solitarios. Olían al aroma negro de la noche sola. Se miraron con esa complicidad de querer asirlo todo; lo demás no importaba.No hubo enamoramientos a pleno sol, invitaciones a cenar, al cine y a las calesitas. Desde el inicio esa relación fue sin futuro (¿quién piensa en el futuro cuando la piel hace carne?), se ocultaron como ladrones, porque ella era una “chica que olía bien” y él “tenía vida formada”. Aquello resultó como un imán, nada de formalismos y compromisos; sin embargo habría que acallar los jadeos y las respiraciones fuertes con un manto de doble moral y en la noche sola. Habría que disimular aquel súbito deseo de mantener relaciones extrañas entre dos desconocidos.Se citaron en una esquina, el pretil de la acera fue mudo testigo de aquel desasosiego, devorándose como animales, sin preguntar por qué, y si mañana existiría una ilusión. Empezó como un juego: un taxista, cómplice de besos… después paredes, calles, respiraciones agitadas, la cópula loca del rocío con el pasto; más tarde, promesas no cumplidas y el aire se volvía insoportable.Te hiciste la víctima porque ella no te dio la seguridad que tú pedías, porque tu condición de hombre tradicionalista no te permitiría enamorarte de una mujer “liviana”, te arrepentiste porque hablaste demasiado, bebiste demasiado y ya el día venía con fuerza y la verdad es que ella no te creyó nada. “Noche de copas” te dijo (en el fondo pensando que esa podría ser la trampa para acercarte más, pero se equivocó), y te quedaste mudo porque ella era demasiada sincera como para ser real. Y quisiste jugar a las escondidas, al difícil, y enviaste mensajes cobardes arguyendo que todo fue un chispazo, que el amor es otra cosa.Pero la volviste a ver, caíste en sus redes, te enredaste vos mismo en la debilidad de ser débil y permitir que ella te crea, sólo porque su mano bajó por debajo de la mesa tocando la tuya para sentir esa atracción desbocada de la primera vez, después estrujó su cuerpo en el tuyo como si fuera la única y última vez que lo hicieran, te sacudió la ternura, pero las cosas estaban dadas, tu mundo no era el de ella, era sólo presente, momentos.El despertar en la madrugada y sentir un calor diferente te ensombrecía todo, en una cama alquilada, en un cuarto desconocido, recordando lo que hiciste. Con la resaca maldita del whisky, esa melancolía tuya porque no supiste si ser feliz con la hazaña o sentirte vil, estúpido, degradado, cruel, porque era ella la que encendía la noche con sus ojos, y tú quien abría o cerraba las puertas de las posibilidades. Lo dejaste así (sin señales, sin muestras de nada), ¿para qué seguir?, los momentos se viven como vienen, no era nada más, para qué cuestionarse, para qué sufrir, para qué pensar. Eso pensabas tú, pero nunca se lo dijiste, no fuiste honesto no.Las noches se volvieron insoportables y te aferrabas a la posibilidad de darle tu amor y después lo intentaste, porque no era para vos, no era lo que tú querías, era aventurilla nada más (las aventurillas de noche de copas no se las puede tomar en serio, no, aunque en ese encuentro te hubieran traspasado el alma).Vinieron otras noches ya sin alcoholes, sin promesas, sin encuentros fortuitos (te quiero con derrota, no te prometo nada, no quiero hacerte daño, no quiero saber mucho de ti, ni si la muerte te habita por dentro, o si el verano te quita las melancolías, no puedo no quiero hacerte daño, tu entiendes)… ¿Qué te creías vos para profanar su alma, para arrastrarla a caminos insospechados de placer y de incertidumbres?Ella te transportaba al cielo a la muerte a la nada. Todo era desborde, huella, desasosiego y te dejabas hacer consciente de que eras el rey de todo y no te atrevías a traspasar la puerta.Los días inexorables pasaban, la pasión de ella se agigantó y tuviste que decir “hay otra en mi vida” (no quiero mentirte, no quiero engañarte, no). Entonces ella apuró el whisky y tragó saliva.
– ¡Maldita sea! ¡Esto no debió ser tan intenso! Dijo como en un murmullo, casi para sí.– Esto no debió comenzar así, debió ser de otro modo– dijiste triste.
Un escalofrío recorrió sus cuerpos y se mantuvieron en duelo. No hubo llantos ni despedidas, ni comentarios. Ella lo miró como a un ser solitario, despreciable y envejecido.Caminó solitaria, había parado el viento y bajo los árboles había esa luz sobrenatural que sigue al invierno. Los autos pasan dejando su huella contra el asfalto, tocan sus bocinas de modo ensordecedor, casi asfixiante.Ella sabe que como a él, ¡alguien la espera en casa!
foto del blog Tacones rojos
Por ti inventaría nuevas formas de amar
cada día,
me reinventaría.
Haría de las sensaciones la miel,
de los momentos la ternura,
de la pasión la locura,
de los días la flor
de las noches la calidez
de ti un arcoiris.

Alcánzame en el cielo

Soñar que vuelo
que soy una nube,
ven! alcánzame en el cielo!

lunes, 20 de octubre de 2008

Mamá


Mamá es evangelista,
mamá estudia homilética,
los Santos Evangelios,
El Deuteronomio.
La casa a veces se llena de evangelistas.
llegan de Estados Unidos
de Nueva Zelandia.
Yo soy evangelista
Jeshua es evangelista?
Mamá me enseña a orar
no se mentir
no se pecar
no digo malas palabras
despierto a mamá cuando sueño
con serpientes
oramos y se me pasa el mal rato.

Mamá dice que es horrenda cosa
caer en manos del Dios Vivo!
eso me da temor,
y me asusta el juicio final.
Mamá,
han pasado los años,
ya te fuiste y comprendiste
que Dios no es tan malo
como nos mientieron,
Jashua es purita ternura
y morir no es tan cruel.
He pecado,
he maldecido, he criticado,
he dicho malas palabras,
he odiado a miles,
también he aprendido a perdonar,
pero sobretodo, he aprendido a amar.

Negri


Negri me canta canciones
Me hace dormir en la hamaca
Canciones tristes
Canciones alegres, sambas
Rancheras, los hits del momento
Hasta que por fin me duermo.
Negri dijo que mi sombra era el diablo
Y me causó tal pánico
que yo corría y corría despavorida
y mi sombra que era el diablo me seguía.

Negri me alza, me baña, me canta.
No tengo niñera
Pero tengo a negri que es mi hermana!

viernes, 17 de octubre de 2008

seguimos...


Como un delirio sórdido y cabrón
he aprisionado tu alma en unas letras
que van escapando quizás hacia delante
porque el amor solo llega fatigado
cansado de tanto esperar.

Envano diría que te amo
o que siento algo por vos,
la verdad veritas es solo obsesión mezquina
ganas de creer que existes
en este lecho que inventé

y del cual quedan sábanas sin arrugas
años que pasaron y que ganas no tuve
de repetir ese amor tan miserable
tan disminuido por la mentira
los enredos de otros brazos
los abrazos que no fueron
porque en un alma tan chica
no puede caber ternura.

Tengo necesidad de exprimir mi alma
tráeme una tela blanca para
poner en mi corazón,
cerrar el hueco
del que salen fluidos sórdidos
votar esta osamenta,
aquí parada ante el abismo
tengo miedo saltar
y a este cerdo con perlas alimento.

Deja hombre decir lo que no quise
a golpe de palabras
quiero horadar la piedra
encabritar tu alma,
decirte que el amor es la fuerza cohesiva del universo
y que un beso es más grande que una ilusión.

Imposible poner aquí una crónica, estaría violando todo el concepto de mi imaginario.

martes, 14 de octubre de 2008



Volvemos con las crónicas


No se escribir

No se escribir,
quiero escribir y saltan las sensaciones,
me gusta encerrarme
a oscuras en el cuarto grande,
me paso horas en penumbras a pensar.

Siento algo distinto en mi pecho
quiero escribir y me salen cosas raras
quiero conocer el mundo
papá dice que soy muy chica
que de grande podré viajar.

Siento que el pueblo me queda pequeño
me abstraigo, me sucumbo,
me abismo,
abismarse también es morir,
dormir es como morir, por eso duermo también.

Lloro porque al ser pobre no puedo viajar,
trato de ser tan perfecta en todo...
lloro porque no se escribir poemas.
Se me pasa cuandod recuerdo que tengo que subir al tamarindo
para estudiar...
pero lo que me tortura es que
no se escribir.

Papá ya dijo que ni piense en ser poeta
que cualquiera es poeta sin estudiar,
que estoy loca, que doy para mucho más
que soy la mejor de la escuela
que se más que mis profesores
que no puedo ser poeta
que escribir poesías es como largar
perlas a los chanchos.

Papá tenía razón en algo- no en todo-
hay tantos poetas,
el mundo está lleno de poesías.
Lo que papá no sabía
era que yo quería escribir
pero no poemas, sino libros, novelas
cuentos.

Papá, cuantas veces te odié
por tener razón
y también por no tenerla
porque de veras que fue duro
poder escribir después de tu sentencia
de muerte cuando quise estudiar filosofía y letras
y me dijiste un no rotundo.

Papá, nunca te lo dije
pero perdí años estudiando una carrera
que no era para mí.
Que cada final de semestre
me daba cuenta que mi vida se iba
que no era nada
porque ya no era perfecta
ya no era la maravillosa, la brillante
era tan vulnerable como cualquier otra.
La peor de la clase de contabilidad de costos.
Pero ahora que pasó el tiempo
Vos te fuiste de un modo tan feo…
te vi. morir y no pude decirte que te perdonaba
pero cuántas veces desperté sobresaltada y llorando
por no habértelo dicho.
Perdóname papá
por no haber sido la que soñaste
una arquitecta, una ingeniera
una economista.
Perdóname por no haberme casado a los 20
ni haber sacado el título a los 22.
Lo podía si, pero no quise
pues quería dejar de ser perfecta,
la niña predilecta,
la más bonita,
la mejor atleta
la más inteligente.
Yo solo quería escribir y tu no me dejaste.
pero bueno, ya pasó tanto tiempo…
Te cuento que ahora escribo poemas,
novelas, cuentos, crónicas, relatos y a veces artículos
En algo tenías razón. No gano un peso por eso
Ahh! Me olvidaba- eso creo que lo supiste-
estudié una carrera compatible
con el oficio de escribir-
También no se si te conté me divorcié-
no tuve hijos.
Por último quiero decirte pese a todo
nunca voy
a amar a ningún hombre
como te amé a ti papá.


jueves, 9 de octubre de 2008


Algo diferente a ti
Vuelvo a sabotearme yo misma,
me inclino respetuosa ante mi cuerpo
tocando mis pechos cuyas aureolas
rosadas se disparan.
Creo que soy esa niña que a los 12
veía su cuerpo cambiar y se asustaba
al ver que el río fluía y fluía
y más tarde se jactaba ante las amigas
de tener un cuerpo de miel canela, puro
como sus ojos.
Pienso que soy ahora la dama inútil
que escribe tocando las teclas del ordenador
como si fueran las patitas de un ciempiés,
que acaricia su cuerpo y piensa
que los dioses se han extinguido,
que los hombres están muriendo.


No extraño nada de ti, ni siquiera esas charlas
amenas sobre la política, el desamor
la teosofía. Siento un hueco aquí dentro,
y estoy reventando de tristeza,
siento que la vida me agrede,
pero es fácil salir de esto,
una caminata, una película,
un pretexto cualquiera para llorar
y abrir el cráter, de este corazón
que no aprende.

Me parece que tu mano
despeina esta congoja
¡No te extraño!
sólo aquellas cosas pequeñas
sin sentido, de repente me faltan
y quisiera buscarlas: salir, comprar
tu cuerpo, pagarte un cheque,
hacerte sentir como nadie,
como nadie nunca pudo,
inventar cada hora motivos diferentes,
sensaciones que te hagan vibrar.

Pero me doy cuenta
que hasta eso es sabotaje,
ese inventarme yo misma
para ser por ti, no es preciso,
no es justo, no es necesario.

Me parece que en realidad lo que quiero
es otra cosa, algo diferente a ti,
por ejemplo, la sonrisa, el romance,
el galanteo, ese animal furtivo
que no vive en tu mirada
ni en tu cuerpo!



Escrito por Raul F. sobre el cuento Las Hijas de Dyango

Nota: El autor de este fragmento, se inspiró en el Cuento Las Hijas de Dyango, uno de los libros más famosos de la autora.
SELVA...

...Se ganaron el apodo de las Hijas de Dyango
porque literalmente tiraban a matar...
Roxana Sélum
A ti...

Cuando entraba al Café Ciudad, quedé fulminado. Sonreía... y era Beniana... gozaba con los ojos cerrados y la boca entreabierta, trazos en éxtasis, silueta en risa; sonreía toda ella; nariz abombada en el naciente y esbelta tesitura ante los ojos; tan camba, tan mujer; en femenino garbo y coquetería oriental de una hembra bien hembra; ni joven, vieja tampoco; de San Ignacio de Moxos; ella... Un escozor en el vientre recorre mi cuerpo, y tomo el aire natural de quien mucho espera, dueño del mundo ; piropo con ardor galante a su belleza, aire ausente...

El paso lento a la mesa contigua que me permita verla/oírla, ha revelado una computadora portátil que, frente a ella, exhibe un periodista con cierto aire de suficiencia y nombre de futbolista. La pantalla refleja breve introito y luego una especie de cuestionario electrónico; que bajo premisas generales (preguntas), graba el diálogo de voces y lo inserta como texto, procesa la respuesta, sugiere sentidos posibles, descompone significantes inferidos y enlaza con la siguiente pregunta, todo ello configurado por las redes de significaciones que su propietario inserta en el sistema, a través de un test proyectivo; el último prodigio de comunicadores, analistas y listos-del-ano (en frase de Javier Medina).

Parecía una entrevista y me llamó la atención; escuché con tabaco negro y unas chevas. Comenzaba por hablar del erotismo en la literatura boliviana y prometía una charla con aquella “representante y exponente destacada de este género”; mezcla de lenguaje jacobino y discurso de maestro de ceremonias... Capté su atención, cierto, pero involuntariamente y desprovisto de cálculo e intención alguna.

Hablar de “literatura erótica” es tan fútil como leer poesía moderna, aquella especie de bohemia de empleado público... erotizada es la narración histórica de Alcides Arguedas, cuando relataba los aprestos de Juana Sánchez, quien dijo sobre Melgarejo: me embestía como un toro... o el gran Humberto Eco, que valoraba la narrativa en prosa vibrante y profunda de Carlos Marx, prediciendo con acierto sus amores eróticos con Jenny von Westfalia y, en cambio, a fuerza de follar diariamente con la Krupushkaya, se puede escribir un libraco como materialismo y empirocriticismo... En la moderna fábrica especializada de saberes, el erotismo parece una especería que pretende anaquel propio y, al final, en acto de liberación, todos terminan sus días a doble filo...

Tras una pausa comensal, reanudaron la entrevista con el marco de cierta literatura boliviana, destacando la ruptura de tabúes y demás pendejadas de la jerga freudiana con pinceladas de sociología norteamericana, sofística de Bill Gates y crítica literaria yuppie -de abundante información y poca sustancia- que debería inteligentemente acogotar al “contendor”, es decir, entrevistado. Se nota que cada instante, la naturaleza del tema y monumental hembra enfrente, abruman lentamente al entrevistador, quien comienza por conceder que todo discurre por los cauces de la vivencia, selva y espontaneidad climática; será yuppie, yanquillockalla, mas no pelotudo y menos apático a las fruiciones que una mujer despierta en cualquier hombre.

Ella fija el ambiente con sutileza en grado y gusto singulares, echando por la borda el vademécum mediático que asocia sexo con represión, morbo y pasión instantánea del cuerpo, sin memoria erótica más que sensorial y en serie, desfile de rostros por miles y sensaciones iguales, odiosamente homogéneas, rutina de la carne...

Recuperando la compostura inquisitorial, ahora el periodista introduce; señalando la procedencia (seguramente tiene registrado automáticamente el nombre, que no menciona), obras y demás circunloquios; resaltando la región beniana de San Ignacio de Moxos como cuna y marco de la literatura erótica de su entrevistada; confirmando mi pálpito inicial: era beniana; ella causa el flechazo que despierta la mujer beniana en mí. Buen arribo mezclar selva con erotismo, el hombre no es tonto, aunque me parece que debió mediar la sensualidad ambos tópicos. Espero con atención la primera pregunta, que suena un tanto serial y obtusa: ¿Te consideras una pionera en el género literario erótico?.

Ø Cuentista, sí; novelas hay...

La esperada conexión selva y eros, podía obtenerse a partir de la premisa del éxito como exploración de la topografía literaria. Decepcionante su capitulación al cuadrado contextualizador. Peor aún la contra pregunta electrónicamente inducida, ¿Cuáles son los motivos que te impulsan a incursionar en esta corriente?. La respuesta me seduce:

Ø Para la literatura no hay motivos... para la inspiración no existen esquemas... todo surge del mundo interno que uno tiene y quiere transmitir a los otros... El género es harto conocido en el mundo, sólo que en Bolivia a todo llegamos tarde y siempre con miramientos de todo tipo... el cuento más atrevido de este primer libro, tenía 6 años de vida y no me atrevía a publicarlo por una serie de tabús y temores, tenía miedo de la respuesta de la gente, de lo que pensaran de mí, de que yo escribiera esas cosas...

Instintivamente la miré a los ojos, transmitiendo mi pregunta con la vista, sintiendo que la comprendió plenamente: ¿Durante seis años temiste que todos supieran cómo gozas, con la intensidad, regocijo y piel que das al recibir?... El periodista, molesto por la distracción, decide retomar el hilo predominante de su inquisición tecnocrática –o inseguridad- y pregunta lo que ella entiende por erotismo, enrumbando el asunto por la vía de abstracción académica e ilustrada ignorancia del Eros...

Ella resiste el embate, lo curvea, hablando de lo que significa el eros como unión del cuerpo y alma en el placer y goce del sexo, su intimidad, apertura, pluralidad, encuentro, necesidad, fantasía e imaginarios...

Ø El erotismo es la dimensión humana de la sexualidad, aquello que la imaginación añade a la naturaleza... Pongo un ejemplo: dos amantes cuando hacen el amor frente a frente se miran a los ojos. Esto es una invención humana, invención que no es practicada por ningún otro mamífero...

La miro, brilla entera, su mirada fluye por aquellos grandes ojos, obscuros y rodeados de cejas pobladas a horcones, que hacen tan peculiar a una camba... De perfil, es canela, con ráfagas de cabellos y un par de precoces canas que desordenadamente hacen hermosa a esta mujer de labios carnosos, ésos que desatan la imaginación pródiga de imponentes y profundas grutas cuyo sabor urge penetrar... Y la penetro (no desnudo con) mis ojos, hallándola en recepción húmeda, lasciva, lejana y apasionada; apropio su mirada y la embisto, sin poseerla... todavía... que hembrota...

Su rostro ha quedado grabado en mí, comienzo a recordarla con el cuerpo, la encuentro en los dominios de una remota memoria que un cuento leído casi por descuido e ignorada filiación, había despertado mi analogía virtual, imaginándola en él, como una de las amazonas que relataba su autora; porque, obviamente, narraba una mujer -sin buscar confirmación alguna del nombre-, riendo a carcajadas al reparar que, por una vez, podrían tener alguna razón las “militantas de género” que buscan detrás de todo a la mujer pionera de maravillas atribuidas a un hombre; sólo que ésta vez, resultaría imposible a una de ellas detectarlo, porque habían perdido cierta dosis de feminidad y ganado anchos pantalones...

Ahora no fue sólo su mirada, también su voz se dirigió a mí, preguntando si la conocía de algún lado. Le dije que sí, ella me recordaba alguien muy especial que conocí en Santa Rosa del Trópico... pueblo del oriente donde se desarrollaba el cuento al que asociaba su imagen...

“Conozco el sitio”, me dijo, preguntándome por el nombre de la mujer... Selva, le dije, tomando el nombre y personaje del cuento. Lejos de finalizar, el intercambio prosiguió fluido, como enhebrando los hilos de un relato cuya madeja compartíamos ambos...todos...

La conozco –decía-, fue muy famosa cuando el señor Zoilo Cortez, anoticiado por su sobrino, fue a morir en su cama de un ataque cardíaco. Abusó de su salud y de su edad. Pero él pensó: “más vale morir gozando que morir recordando”... su corazón ya no estaba como para resistir esos trotes. Sin embargo como adivinando su destino y como pago, llevó de regalo a la mujer que lo haría feliz, un cofrecito lleno de condecoraciones de guerra y libras esterlinas, las mismas que Selva Calcuta arrinconó y nunca en la vida jamás las usó por los recuerdos ingratos de aquella noche fatídica... ¿Cómo la conociste?.

Fue casual, dije. Después de terminar unos cursos me fui de viaje sin rumbo hacia el norte selvático de La Paz, llegando sin darme cuenta al Beni, que siempre quise conocer y me atraía con la fragancia de sus mujeres... En Santa Rosa del Trópico estaba apenas unas horas, cuando fui a visitar al juez que me habían aconsejado ver, famoso por su carácter exuberante, correcto y extrovertido; prodigiosa charla e ilustración. Osman Yáñez decía ser su nombre, adoptado como tal en la clandestinidad conspirativa del beniano rebelado.. era su nombre de guerra, casi nadie recordaba cómo se llamaba ése legendario comunista trinitario que se había dedicado a la judicatura eligiendo este poblado... Y fue llegando a su casa que vi una mujer demasiado hermosa para ser real, tanto que le dije, sin pensarlo, aquello que brotaba en el instante: Si todas las vírgenes fueran como usted, tomaría el cielo por asalto, señorita... Supe que había sido citada por denuncia de un señor Ariel Cortez, sobrino del difunto Zoilo, que reclamaba no se qué efectos personales entre medallas, libras esterlinas y alhajas...

O sea, la magia se transformó erótico burocrática, me dijo. No exactamente, alegué, fue sólo un comienzo...

Ø Hubo historia?
Ø Depende qué sea historia en tu criterio
Ø Lo contrario a tu giro...
Ø Entonces recordarás cómo la conocían...
Ø Era una de Las Hijas de Dyango...
Ø ¿Porqué Hijas de Dyango? -intervino el periodista, dando por supuesta su incorporación a lo que súbitamente devino en crónica-
Ø Porque tiraban a matar...

Era una de las tres hermanas mayores que nacieron dispuestas para el amor en un lugar habitado por el verde de los árboles y el calor insuperable del verano tropical. Hijas de un padre clandestino del que sólo se supo su sobrenombre –El Calcuta- quien pernoctó una noche de tormenta en el pueblo, pues iba de paso, supo de la casa de placeres de Ernestina Flores y dejó su huella innegable en esta mujer querendona que lo único que sabía hacer era el amor, porque es lo más fácil, decía, mover las piernas y moverse como hamaca...

Ø ¿Eran putas?
Ø Ja, ja, ja, ja... samaritanas del amor, hijas de Dyango, hijas de puta, las mejores hembras del mundo..
Ø ¿Hembras? Porqué no mujeres?
Ø Imbécil...
Ø Hijas de doña Ernestina Flores... conocida en Santa Rosa del Trópico...
Ø ... por su ancha sonrisa, sus pechos taciturnos y su mirada pícara, se llenó de hijos...
Ø ...Hijos de todos los hombres que cuajaron sus espermas con sus óvulos de puta inexperta y risueña...

...Sus hijas mayores, Mariel, Selva e Isabel Calcuta, tenían el mismo apellido por haber sido engendradas la misma noche de tormenta y bajo el cobijo de la misma placenta, se iniciaron pronto en los afanes propios de la pasión y el arte de hacer felices a los hombres, filosofía que aprendieron de la propia madre porque constantemente repetía: cobren, disfruten y hagan felices a los hombres...

Cuando se marchaba, “con el aire tropical en sus cabellos y el vaivén del río en sus caderas...”, supe que la volvería a ver, pero no dónde ni cuando... Por el Doctor Osman conocí que había sido acusada de homicidio involuntario y apropiación indebida de bienes del difunto Zoilo Cortez, exigiendo su devolución a favor del único heredero suyo, Ariel Cortez, sobrino directo. También que se había negado terminantemente a responder el proceso abierto ni las citaciones y que tan sólo acudió por el respeto que profesaba al Dr. Osman Yáñez, comunicando que podían juzgarla como desearen, incluso encarcelarla, pero ella no asistiría a tribunal ni juicio alguno, que se paga en ley acudiendo a su casa... “Rebelde y contumaz”, pensé, anotándome muy luego como defensor de oficio en el juzgado del Dr. Yáñez; mis estudios jurídicos resultaron providenciales...


La demandaba por lujuria, impotencia de obtener algo más que todos, el deseo de que sólo sea para mí... Su indolencia y descaro me afrentaban, aquella naturalidad libre de preocupaciones me había conducido al abismo que representaba carecer de potestad real para modificar la situación, poder alguno tenía sobre los acontecimientos, hasta que recordé a tío Zoilo... Mis ganas de doblegarla, vencerla, seducirla mediante un poder externo que de todas maneras la subyugare... para mí...

...No fue necesario enseñarles nada, porque todo lo aprendieron en la escuela de guerra de la vida. Ernestina Flores, jamás trató de ocultar a sus hijas lo que hacía, ni escapar a sus inocentes miradas. Es más, no tuvo reparos en cumplir su faena nocturna al aire libre en el canchón junto al naranjo, o en una hamaca que estaba amarrada en la salita de su casa. Tampoco cuidó su risotada, sus gritos profundos y guturales de placer, que resonaban fuertes, agudos a veces, sellando la noche y dándole gracia y color al ambiente...

Ernestina es una potranca, coincidían todos los amigos y visitantes del Dr. Yáñez, que ya me había llevado a su casa como huésped, hasta que se inicie formalmente aquel proceso en que haría de juez y yo, como abogado de oficio, debía mudarme al hotel. Pese a lo absurdo del asunto, ya que todas las partes involucradas –más que todo Selva- eran asiduas de la casa, debían seguirse algunas normas básicas... En medio de risotadas, anécdotas inverosímiles y en extremo jocosas, el Dr. Yáñez introducía charlas desenfadadas y deliciosamente heterodoxas acerca de temas que le apasionaban, como la política, el derecho, la historia, literatura, el fútbol, la religión, las mujeres, Carlos Marx, el Moro... Mi afinidad también apasionada con algunos de tales tópicos y cierta conversación que al respecto poseía, atrajeron la condescendencia de don Osman, con quien iniciaba pláticas interminables y amenas que siempre concluían bien regadas y mejor disfrutadas: el ser Paceño, melenudo, tercamente rebelde, autodidacta iconoclasta, soltero e izquierdista, ayudaban bastante a simpatizar con un camba en idéntica e inversa situación...El relato profundiza, describe, provoca la curiosidad del instinto... Y comencé a pensar testicularmente... deseaba a doña Ernestina, pretendía saborear el fruto delicioso que dio vida, literalmente, a ese frondoso árbol de placeres que prometía Selva...


La idea de confrontarla comenzó a perseguirme tras numerosas pérdidas en los juegos y concursos novedosos que organizaban, sintiendo cierto desdén cuando me miraba al pasar del brazo, frente a mí, con el ganador de sus favores aquella noche... No tuve celos cuando el premio mayor, acostarse con las tres hermanas, era ofrecido a cualquier otro; no; celaba únicamente cuando el botín era ella, su piel, exclusivamente a merced y fragor de quien supiera ganarla... Desdén, júbilo cruel de perra lascivia afrentándome... El colla letrado fue mi confesor. Abogado de los valles era aquel Dr. Mariano Muñoz, quien a cambio de una victoria judicial pedía la mitad calculada de los bienes; monto que garantizaría la complicidad del fiscal -ni pensar en el cohecho del Dr. Yáñez-, sus honorarios y una espectacular noche a solas con ellas... Comprendía mis obsesivas pasiones, a veces las palpitó, pero en él siempre fueron más fuertes la familia, esposa, medio, profesión e ingresos... el qué dirán...

Antes de aprender a leer o escribir, ellas ya sabían cuando el hombre está excitado, porque sus pupilas se dilatan, la respiración se les acorta y desprenden un olor a animal salvaje. Se ganaron el apodo de las Hijas de Dyango porque literalmente tiraban a matar. Dicho que fue pronto confirmado no sólo por lo insólito de sus quehaceres, sino por los líos que más tarde armarían en el pueblo...

Me volvía loco. La deseaba con desenfreno desde que la vi, tan descarada y ligera, con aroma de hembra que mata, así sea de todos... Su contemplación erizaba mi piel, sus curvas extraviaron mis sentidos, abandonándome con ella en cabalgatas de frenesí jamás concebidas... ¿Cómo no quererla para mí?... El abogado y el fiscal habían concretado su acuerdo, sin problema de ningún tipo. Pese a las diferencias, ambos parecían la misma persona en versiones etnoregionales diferentes, movidos por fines idénticos, ambición semejante les llevaba sin barreras a la concupiscencia del poder material y racional del status... ¿Acabaría igual o éste sería un mero incidente?...Me hallaba perpetuamente excitado, un olor animal brotaba de mi piel...


Era una fiera, se notaba a primera vista... Parecía desafiarte a duelos inconmensurables, cobijada en la humedad etérea de su cueva, tomada si ganas la faena para merecerla... y menearla delante de todos, llevándola a mayores provocaciones bajo la potencia de mi lanza... Lastimosamente, me veía extremadamente inhábil a los ritos eróticos que propiciaban con desgaire...

...Organizaban buris en el patio de la casa, hacían concursos de quien resiste más tomando vino barato, también juegos del pato enterrao al estilo romano, a la gallinita ciega y al bandandirundirundirundán. Todos los premios se pagaban en buena ley. El premio mayor era acostarse con las tres hermanas, cosa que muy raras veces ocurría. Bailaban hasta el amanecer y la entrada a la velada costaba tan sólo 10 reales, todos los hombres en el pueblo asistían a las jaranas nocturnas. No hubo uno solo que escapase a los encantos de las muchachas, las mujeres las odiaban, ellos las adoraban...

Aparte de mi absoluta ignorancia e inhabilidad manifiesta para los juegos y concursos que propiciaban; inventos y tradiciones con aire tan oriental que podían desanimar a un colla cosmopolita; paceño universalmente boliviano; concurría el instinto varonil de altiva indiferencia con la miel codiciada sanguíneamente... Mi deseo se convertía en romance, pasión salvaje y amor, aunque durase apenas instantes... Así amaba yo, sincera y naturalmente, a quien me ofreciera voluptuosamente su ser... Las amaba de veras, incluso sin saber su nombre o no verlas nunca más; amor, erotismo, sexo, pasión, carne, instinto, piel, celo, poesía... Jamás –o casi- prometí algo que no deseare o pudiese cumplir, pero tampoco mentí cuando mentalmente les decía mis amores, incluso aquellas pocas veces que las imágenes y pensamientos brotaron rugientes palabras que lograban la posesión absoluta, cuando sometía sus concavidades tomadas al influjo de la metáfora o animal expresión, enajenado por el manantial que se apoderaba de mi sentido... Desistí participar en la disputa, me tomé un par de tragos y partí del sitio tranquilamente, sabiendo que la sangre comenzaba a calentarme... Me miró al salir y allí supe que mi ausencia había despertado curiosidad morbosa en ella, mezcla de candor y coqueto deseo...


Me había convertido en un idiota. A esa conclusión arribé cuando me vi de súbito en el patio, concentrado en la práctica de los juegos y concursos que organizaban para ofrecerse como el premio codiciado por quien triunfe mostrando las ansias del combate... Sentirse trofeo disputado con ardor y ofrecido con algarabía, despertaba el romanticismo de la eterna dama rescatada; tomada por el guerrero, príncipe o cazador... La ilusión del romance instantáneo y denso ritualizaba las pruebas de anhelo que un hombre sorteare para tenerlas... Y yo, Ariel Cortez, practicaba diariamente sus faenas, convirtiéndome un experto en ellas, sólo para tenerla... a Ella...

... Las Hijas de Dyango son putas consuetudinarias que tienen que trabajar para comer. No dejan nada en su sitio, son como un torbellino de pasiones insensatas, no perdonan matrimonios, ni solteros, ni solterones, viejos, viudos o adolescentes. Ellas tienen el color del sol en su piel aceitunada, el sabor de la miel en sus pezones que como granadina madura se abren al primer roce...

La tomaba, me apropiaba de su cuerpo, era mía con locura, pero no la poseí. Cuando llegaba al fondo mismo de su ser, notaba cierta risa recóndita, como ironía salvaje de libertad y amor hedónico irrenunciable por la vida, que marcaban la distancia... Con ella sentía la pasión del cuerpo libre que deja de razonar y se entrega voluptuosamente a su destino, rompiendo barreras que luego; en la soledad evocatoria de mi cama; maldecía haber traspasado... Deseaba a mis novias, tomaba de su elixir sin pausa ni estorbo, mas detenía el instinto cuando su gruta parecía destinada a un vástago mío, trasladando en ella el símbolo materno que inspiraba reverencial actitud y profundo respeto... Selva enseñó a mi cuerpo en la transgresión de todo respeto, que no fuere pagar muy religiosamente su compañía...


Es cuando mi madre se refocilaba con mi padre que vine al mundo... llegué a la casa del Doctor; la música celta invadía sus resquicios mientras aquel trío de teutonas fumaba opio en bambú, suave y lentamente, ofreciéndome la pipa que ahora fumo...Osman les había leído un fragmento de algún olvidado ensayo, quedando muy atentas en los lenguajes totalitarios alemanes cuya narración vulgar enumera barbaries que abrieron hoyos en la memoria histórica de al menos dos generaciones, mas deja de lado la narración del sentido que adquiere un modelo a través del lenguaje que produce acción... El opio bien fumado sutiliza todo asombro, incluso aquella fantasmagoría que impuso brutalmente un olvido al país de la filosofía y el combate glorioso...La tragedia se disipa en palabras y éstas en opio, donde fluyen los versos que te llevan a ellas y no distingues el momento que fueron caricias; yaces en desborde ritual de bálsamo en la piel, suya...Valkiria...

Ellas tienen el aire tropical en sus cabellos y el vaivén del río en sus caderas, conservan esa sencillez de niñas perdidas por el vicio, sin embargo son tan adorables en su entorno, en sus contornos, en ese mundo sin fin, sin retorno...

La fiesta sonaba imparable, era un buri con peladas de buena cuna y mejor hacienda, las culito con talco... Allí estaba ella, radiante, conducida por el anfitrión a mi presencia, con la solemne ironía que utilizaba el Dr. Yáñez en estos trances... Protocolar y sugestivamente, me fue ofrecida en bandeja, reavivando en mi cuerpo los leños candentes de su fiebre... La tuve y quise hasta verla convertida en mi señora, el instante mismo que brotó de mi carne una reverencia que condujo la brasa por cauces melódicamente tiernos... Ahora la poseía con fuerza, encendido por la certeza de que alguien gozaba especialmente de Selva, razón que podía explicar esta suerte de compensación bastante honrosa... Lujuria, apretujón, ira y vigor penetraban su vagina febrilmente, hasta llevarla sin atenuantes a un éxtasis prolongado, aullante, que me rogaba sin pausa un “seguime tirando así, como tu perra, hasta el fin del día...”. La frenética explosión dio lugar a esa calma que comenzaba por abrir una herida inconmensurable cuando vi convertida esta mujer en una simple ramera, sollozante de placer, cuyo vulgar léxico desdibujaba por completo el trazo idílico que me unía con ella... Y Selva, con quién retoza en este instante?...


Era el premio mayor en disputa y se hallaba en frente aquel tipo, tenaz y de aguante; quedábamos los dos, bebíamos mano a mano; pijchaba yo... Compramos unos jales, seguimos bebiendo vino barato, fumando, charlando, jodiéndonos, con simpática y cáustica ironía... humor negro, y del bueno, para cagar de risa; tres villas de yerba, cuatro fosas, vino y tabaco... Más jale, decidirán Mariel y la blanca...

A Mariel Calcuta se le fueron las piernas de purito enredo pasional, una noche que dejándose amar por José María Roca, lo ahogó en el acto. Ella sentada al borde de la cama, él de rodillas lamiendo su fruto jugoso, las piernas entrecruzadas a su cuello...llegó el momento de éxtasis y perdió los estribos, lo ahogó con su entusiasmo, su líquido y lo apretado de sus piernas. Después de unos minutos reaccionó cuando vio que el hombre no se movía del suelo, ella aflojó el arma asesina, en vano fueron las respiraciones boca a boca, los pañitos mojados con agua fría y los gritos de la madre y las tres hermanas. El sujeto gozó hasta el fin...

Eres mía cuando te tomo y quiero todo de ti, hasta la última exhalación, en la última comisura de tu cuerpo... frenético, quiero llevarme algo tan tuyo, que termino embistiéndote por detrás, aferrándote a mi, embistiéndote hasta que no me cabe la lujuria y deseo apoderarme de ti, embisto y quiero más, pero he profanado todos tus recintos, embisto y me aproximo a la locura de poseerte, quiero poseerte...


“Parecía que me iba a atropellar y me lamió la cara...”; ése fue un juicio que me tiene con ellas. Jalamos un poco, bebemos vino, fumamos otro tanto; bailamos; un pinchazo de alfiler en el dedo de las tres; tres pinchazos en mi dedo, un par de gotas de su sangre y de la mía en la boca; una pizca de tuche en la punta; vino, pollo, danza; la que perdió Muñoz por degenerado... siento que me ahogo en tu mar, en ti, gruta que baña mi carne...

Ø A mí me caés bien, pero ésta no la voy a perder, querido. Si no te marchás en cinco minutos, te llevo a encerrar al calabozo por drogarte con Muñoz y las peladas; no la pierdo... el poder o lo que sea, pero el premio mayor no me lo quitás, ni siquiera lo mirás, entendido?... Tenés cinco minutos pa’ pelar de acá si no querés que te vaya mal, tengo poder y mi arma...
Ø En tres minutos viene tu secretario con una nota que te leerá en privado, se trata de tres alemanas que se mueren por conocer a un fiscal boliviano, prototipo latinoamericano del hombre con poder sin autoridad. Si no firmas recepción y te vas por un asunto impostergable de tu poder, leerá en voz alta el segundo mensaje, donde tres testigos extranjeras esperan en tu oficina porque las citaste a declarar en este momento y tienes que irte ahora porque son mis clientas, conocedoras de truculencias judiciales entre fiscales y abogados impotentes, mientras me quedo contemplando cómo se te ríen por acá... Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, poder...

Es ajenjo y desnudez... son jugos de plantas que recuerdan con embeleso el amar de los sentidos con fruición, hasta que la última gota de afrodisíaco haya caído en ti... premio mayor...

A Isabel Calcuta, se le fueron las manos cuando un visitante nocturno, desconocido viajero, se negó a pagar su cuota de placer y fue echado como Adán del paraíso, desnudo y a la fuerza. Quería seguir tomando sin pagar ni un centavo, entonces Isabel en un arranque de euforia agarró la tranca de la puerta y zaz en la nuca. Murió en seguida, con la boca abierta y los ojos blancos mirando al cielo clamando misericordia. No hubo persona alguna que reclame su cuerpo. Su alma anda vagando por ahí, en noches de luna llena se le escucha llorar. Las viejas beatas no le hacen misa porque no sabían ni su nombre. Cuando lo recuerdan, le llaman el Muertito Errante o el Deudor Ambulante...

En cuestiones de justicia, Osman era implacable y la situación quedó complicada, había empate en el premio mayor entre Ariel Cortez y yo... la fiesta se hizo tensa, el hombre estalló diciendo que la quería para él sólo, pero ahora le bastaba con que se casara con él; nada cambiaría, todo sería igual en su vida, sólo quería sentir el instante mismo que le dijera que sí y le tuviere una noche de bodas, después podría seguir su ritmo, aceptará concursar para tener a su propia esposa, pagará y declarará todos los bienes matrimoniales (bastantes)... Dijo que daría su vida por ella, sólo pedía tocarla, amarla una vez más, en su noche, como hace tiempo no sucede. Cuando la vi no vacilé un segundo... Pones una bala, giras el tambor, te pones el cañón a la sien y disparas... si sales vivo porque la girada no trajo tu bala, le das la pistola al otro, al oponente, para que haga lo mismo... si no lo hace, pierde... ruleta rusa... Clic... te toca...

A las yeguas más hermosas del corral se parecen. Sus muslos son como peces frescos que nadan y coquetean en el río, sus pechos son como fruta fresca recién cortada del árbol. Y dicen que son malas, ¡já!, los que dicen que son malas, no saben cómo hacen temblar de pasión sus embelezos...

Aspiro un aire de mujer, aroma calcinante de hembra sin rostro, sus ojos ante mi, ardientemente deseada ella; vuelvo a natura, comienzo a penetrarla danzando, sin pensar, sintiendo su carne aullante, poseyéndola con locura, con desenfreno animal de macho que hunde su puñal en el cálido manantial de la gruta ofrecida ante mi... vencida, tomada y triunfante, cópula infinita de opuestos hallados en tanático trance, mientras la doy, la tomo y se siente atrapada, follada, tirada, poseída, poseedora, rendida y redimida, gimiente, hembra... Hirviente, mi semen recorre sus honduras, mientras pierde el sentido... reposa plácidamente, el sueño la hubo atrapado, tras generosa explosión de su carne... ámola, sin rostro...sus ojos...su sonrisa...el premio mayor... Ariel Cortez murió de un balazo en la sien y yo gané... premio mayor...

Como tenemos la misma profesión –vos abogado y yo puta-, voy a pagar mi cuota de placer en justicia, por ganar el asunto... Nadie deja de pagar... El abogado de oficio no cobra y se acabó rápidamente todo por la muerte, con mano propia, del acusador...

Entonces ganó usted un concurso hoy. ¿Y cuál es el premio?. Mi pan...





raúl fernando bustillos agramont