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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

miércoles, 7 de octubre de 2009

Doblegarlo

3.
Pero aún así amando con miedo he podido rendirme al amor
y doblegarlo.
Pues existe una realidad y es aquella que errando amorosamente bien
me alimento; es mi sino, mi karma; lo llevo como un estigma atado a mí.
Sin duda amar con miedo tiene sus ventajas
y es que te das cuenta que aquello que no era para tí se va de tu lado
para siempre; y es más fácil porque igual se puede seguir amando
más fuerte, más intenso, más profundo a otro;
porque si algo hay de cierto es que ningún cuerpo es igual al otro;
ninguno ama igual, ni siente, ni piensa igual;
todos son diferentes y hermosos en sus deleites, sus formas de hacer las cosas;
de sentirlas. Por ejemplo yo no se amar de otra manera que no sea con mi cuerpo;
hay otros que lo hacen con sus brazos; sus brazos son como garras que se aferran a tu cuerpo y no se desprenden de ti hasta el amanecer; y eso te produce una ternura suprema.
Los hay aquellos que aman con pasión; pero esa pasión debe ser mútua: atracción y miedo juntas! es el condimento esencial para hacer explotar el universo.
Pero también hay otros que aman con sus manos, sus manos suben, van, vienen, bajan, acarician... y también existen aquellos que aman con ternura; esos son los indispensables.

El abandono

2.
Pero el miedo más dañino, nefasto y absoluto
es el miedo al amor.
Cuando uno piensa en este miedo trata de darle una forma
un cuerpo, un aire, algo. Porque es un miedo poderoso y tenaz que se aferra cual tentáculo a tu alma y no es fácil sacárselo de encima.
Aunque en realidad no habría que sacárselo de encima, sino conocerlo
y aprender a vivir con él.
Cuando pienso en el miedo al amor; pienso indiscutiblemente
en el momento que se pegó a mi como una lacra.
Fue cuando descubrí que ese miedo se respiraba en mi
y se hacía latente cada vez que amaba a alguien.
Talvez nadie lo veía, pero en el etérico se respiraba;
como un fantasma irónico que asomaba cada vez que yo me aferraba a algún cuerpo
para amarlo, besarlo y arrastrarlo por caminos insospechados de amor y ternura.
Siempre él estaba ahí detrás como una sombra, con su sonrisa burlona
espantando a cuanto hombre se me acercaba.
Esa densidad etérica; esa efluvia oscura y tenebrosa
aún espanta a los hombres y no he podido amar de otra manera. No sé amar de otra manera.
Yo sé que esa es sola una forma de ser de mis miedos;
sé que el cuerpo denso que me habita no es sino la oscuridad de mi cuerpo;
y tal cosa se difunde bajo el signo de mi piel.
Y esto es algo que llama a la reflexión.
Este cuerpo mío hecho para todo el fuego, para todo el amor, para toda la ternura
me es ajeno, cerrado, tenebroso, secreto y vedado; este cuerpo, ajeno y temible.
Recién descubierto y presentido.
Es como una sombra:
sólo se deja sentir en lo sobrenatural, en el olor de mi piel, en el sabor de mis besos
en mis sentidos, a veces aparece como un resplandor, o como una alerta
y me deja en una absoluta soledad
es como algo que no me pertenece.
Y sólo se deja sentir con un pálpito, con un dolor que te dice
no te pertenece a ti.
Si algo me asombra, es la imagen del miedo ahuyentando a los hombres en la distancia;
el cuerpo del miedo me preocupa. El miedo al amor y el cuerpo del miedo son cosas que me preocupan sobremanera.
Y yo me pregunto:
¿Cómo hago para librarme de él?
¿Acaso amando sin descontrol
o haciéndome como si no existiera?
Pero ya lo hice muchas veces, nada de eso resultó
y en el fondo se ha sabido sobreponer
a todos las artimañas que inventé para poder amar.
Es por eso que escribo, para ver si un día puede alguien ayudarme a vencer
ese miedo tenaz al abandono.

El miedo al amor

1.
El miedo es ese lugar desconocido y temido. Es un lugar inhóspito y delirante; donde todo lo nefasto se junta: oscuridad absoluta, palpitaciones intensas; negrura, efluvia gris y un derrumbarse por no saber cómo actuar frente a él.
Surrealistamente el miedo no significa nada. El miedo a lo desconocido es nada más un aferrarse a patrones antiguos, un no dejar ir- dejar partir- un temor que te anula y te hiela la sangre.
Acaso un monstruo que no te deja ser vos.
Un ir por la vida temiendo lo peor. Un ser abigarrado que sobrevive viviendo?
El miedo es eso que aleja a los otros de tí.
Yo por ejemplo tenía muchos miedos:
le temía a la muerte; a los hombres y a tí.
Aprendí a montar a caballo por miedo,
aprendí a nadar por miedo,
Aprendí a estudiar por miedo,
aprendí a ser lo que soy por miedo!.
Cuántas infinitas cosas aprendí por miedo.
Pero entonces yo no sabía cómo actuar sin miedo.
Un día cuando el miedo me dijo: soy tu aliado, no me temas;
ese día comprendí que no había que sufrir por miedo.
Pero no se si a todos les pasó igual. Pero al trasponer las mejores etapas de la vida
el miedo te acorrala, te estremece y es como un huracán que te eleva hacia las profundidades
más oscuras y tenebrosas; se vuelve macilenta y a veces viene como un dolor
agudo en la cabeza, o en el estómago; te hace temblar, y vomitar;
te interrumpe en la noche y sasltas de la cama como en pesadilla,
en fin, hay miles formas de miedo.
Pero no hay que temerle. Eso digo insensatamente ante tanto miedo;
si bien los he vencido todos, aún hay uno que me sobrecoge
me encarcela, me aniquila, me abisma:
el miedo al amor!.
Ese miedo; aún no lo puedo superar.
Díme entonces qué hago ante tanto derrumbe y derrota.
Si no puedes amar. Si no has vencido tu miedo al abandono? Cómo puedo yo entonces amar?

Solitariamente

Foto tomada del blog bunda
¿Qué puedo decir de la inmensa soledad, habitando el espacio de mi alma?
Es necesario acaso echar de menos la soledad cuando hay alguien a tu lado?
pero cuando no existe más ese cuerpo imaginado y sentido,
cuando se ha ido; entonces llega el duelo;
porque ya lo dijeron otros el acto del duelo no es sufrir por la pérdida
del objeto amado; sino comprobar un día sobre la piel de la relación
esa menuda mancha llegada allí como el síntoma de una muerte segura;
cuando ese cuerpo no está ya más a tu lado, cuando ya se ha ido.
Y de pronto la noche se hace infinita, se aletarga, se distancia
y es la propia soledad quien te habita;
porque es como si tu te hubieras ido en busca de alguien
de otro cuerpo que te gusta y te da calor
ese calor que no encuentras en el mío.
Entonces la soledad en el espacio que dejaste
ha de ser una soledad muy ancha, muy larga, muy infinita.
Como cuando era una niña y buscaba un sueño intenso,
en aquel cuarto oscuro donde nací a esta vida.