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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

miércoles, 7 de octubre de 2009

El abandono

2.
Pero el miedo más dañino, nefasto y absoluto
es el miedo al amor.
Cuando uno piensa en este miedo trata de darle una forma
un cuerpo, un aire, algo. Porque es un miedo poderoso y tenaz que se aferra cual tentáculo a tu alma y no es fácil sacárselo de encima.
Aunque en realidad no habría que sacárselo de encima, sino conocerlo
y aprender a vivir con él.
Cuando pienso en el miedo al amor; pienso indiscutiblemente
en el momento que se pegó a mi como una lacra.
Fue cuando descubrí que ese miedo se respiraba en mi
y se hacía latente cada vez que amaba a alguien.
Talvez nadie lo veía, pero en el etérico se respiraba;
como un fantasma irónico que asomaba cada vez que yo me aferraba a algún cuerpo
para amarlo, besarlo y arrastrarlo por caminos insospechados de amor y ternura.
Siempre él estaba ahí detrás como una sombra, con su sonrisa burlona
espantando a cuanto hombre se me acercaba.
Esa densidad etérica; esa efluvia oscura y tenebrosa
aún espanta a los hombres y no he podido amar de otra manera. No sé amar de otra manera.
Yo sé que esa es sola una forma de ser de mis miedos;
sé que el cuerpo denso que me habita no es sino la oscuridad de mi cuerpo;
y tal cosa se difunde bajo el signo de mi piel.
Y esto es algo que llama a la reflexión.
Este cuerpo mío hecho para todo el fuego, para todo el amor, para toda la ternura
me es ajeno, cerrado, tenebroso, secreto y vedado; este cuerpo, ajeno y temible.
Recién descubierto y presentido.
Es como una sombra:
sólo se deja sentir en lo sobrenatural, en el olor de mi piel, en el sabor de mis besos
en mis sentidos, a veces aparece como un resplandor, o como una alerta
y me deja en una absoluta soledad
es como algo que no me pertenece.
Y sólo se deja sentir con un pálpito, con un dolor que te dice
no te pertenece a ti.
Si algo me asombra, es la imagen del miedo ahuyentando a los hombres en la distancia;
el cuerpo del miedo me preocupa. El miedo al amor y el cuerpo del miedo son cosas que me preocupan sobremanera.
Y yo me pregunto:
¿Cómo hago para librarme de él?
¿Acaso amando sin descontrol
o haciéndome como si no existiera?
Pero ya lo hice muchas veces, nada de eso resultó
y en el fondo se ha sabido sobreponer
a todos las artimañas que inventé para poder amar.
Es por eso que escribo, para ver si un día puede alguien ayudarme a vencer
ese miedo tenaz al abandono.

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