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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

viernes, 8 de octubre de 2010

Amor amante

Desde que te amo amor amante
he aprendido a vivir el ahora
a quedar silenciada con tu cuerpo
y darte caricias, todas nuevas
recibir el absoluto placer que me da tu boca
tus manos y tu piel
Ese tremendo goce que me produce el sentirme penetrada
el movimiento de nuestros cuerpos y ese gemir constante
música a mis oidos.
Extrañamente, el día en la ciudad, el día doméstico, el día radiante:
el día que se cierne sobre el mundo; el día que amanece, y que se sueña, y que se vive; el día que se vive, no tiene nada que ver con el día.
Pues el día sólo se vive en la realidad real, y no todos la perciben.
Es un destello de alegría que te sacude, es un golpetazo de sol que te ilumina, te señala un lugar en el mundo:
24 horas para vivirlas extensamente, profundamente: para habitarlas, para vivirlas en el momento preciso, en el lugar perfecto.

Habernos conocido antes- cuento


Ellos dos se conocieron en la una discoteca, desde ese instante reconocieron ese halo extraño que despiden los solitarios. Olían el aroma negro de la oscura noche del tiempo. Hablaron mucho de sexo y de qué cosas le haría el uno al otro, para más tarde conocerse; se miraron con esa complicidad de querer asirlo todo; lo demás no importaba. Nada importaban los sueños, ni las cosas formales, sólo se sintieron atraídos y a partir de ahí la vida tenía que continuar.
No hubo enamoramientos a pleno sol, invitaciones a cenar, al cine o a las calesitas. Desde un comienzo esa relación fue sin futuro [¿quién piensa en el futuro cuando la piel se hace carne?], se ocultaron como ladrones porque ella era "una chica que olía bien" y él "era un hombre con vida formada". Aquello resultó como un imán, nada de formalismos y compromisos; sin embargo habría que acallar los jadeos y las respiraciones fuertes con un manto de doble moral y en la noche sola.
Habría que disimular aquel súbito deseo de mantener relaciones extrañas entre dos desconocidos.
Se citaron en una esquina, el pretil de la acera fue mudo testigo de aquel desasosiego, devorándose como animales, sin preguntar por qué, y si mañana existiría una ilusión. Empezó como un juego, después un taxista fue cómplice de besos... después paredes, calles, respiraciones agitadas, la cópula loca del rocío con la neblina. Más tarde, promesas no cumplidas y el aire se volvía insoportable.
Te hiciste la víctima porque ella no te dio la seguridad que tu pedías, porque tu condición de hombre tradicionalista no te permitía enamorarte de una mujer"rápida". Te arrepentiste porque hablaste demasiado, bebiste demasiado y ya el día venía con todo su esplendor y la verdad, ella no te creyó nada "noche de copas" te dijo-en el fondo pensando que esa podría ser la trampa para acercarte más, pero se equivocó- y te quedaste mudo porque ella era demasiado sincera como para ser real. Y quisiste jugar a las escondidas, al difícil, y enviaste mensajes cobardes arguyendo que todo fue un chispazo, que el amor es otra cosa.
Pero la volviste a ver, caíste en sus redes, te enredaste vos mismo en la debilidad de ser débil y permitir que ella te crea, sólo porque su mano bajó por debajo de la mesa tocando la tuya para sentir esa atracción desbocada de la primera vez, después estrujó su cuerpo en el tuyo como si fuera la única y la última vez que lo hicieran, te sacudió la ternura, pero las cosas estaban dadas, tu mundo no era el de ella, era sólo presente, momentos, instantes.
El despertar en la madrugada y sentir un calor diferente te ensombrecía todo, en una cama alquilada, en un cuarto desconocido, recordando lo que hiciste con la resaca maldita del whisky, esa melancolía tuya porque no supiste si ser feliz con la hazaña o sentirte vil, estúpido, degradado, cruel, porque ella era la que encendía la noche con sus ojos grandes y su cuerpo avasallan te y apasionado, y vos eras quien abría o cerraba la puerta de las posibilidades. Lo dejaste así ( sin señales, sin muestras de nada), ¿para qué seguir?, si los momentos se viven como vienen, no era nada más, ella no podía significar nada más; para qué cuestionarse, para qué sufrir, para qué pensar. Eso pensabas vos, pero a ella no le transmitiste nada, pues nunca se lo digiste, no fuiste honesta, no.
Las noches se volvieron insoportables y te aferrabas a la posibilidad de darle tu amor y después ni siquiera lo intentaste, porque ella no era para vos, no era lo que vos querías que fuera, era una aventurilla nada más (las aventurillas de una noche de copas no se las puede tomar en serio, no, aunque en ese encuentro te hubieran traspasado el alma).
Vinieron otros encuentros ya sin alcoholes, sin promesas, sin encuentros fortuitos (te quiero con derrota, no te prometo nada, no quiero saber mucho de ti, ni si la muerte te habita por dentro, o si el verano te quita las congojas, no puedo no quiero hacerte daño, tu entiendes...) ¿qué te creías vos para profanar su alma, para arrastrarla a caminos insospechados de placer y de incertidumbres?
Ella ter transportaba al cielo a la muerte a la nada. Todo era desborde, huella, desasociego y te dejabas hacer consciente de que eras el rey de todo y no te atrevías a traspasar la puerta. Los días inexorables pasaban, la pasión de ella se agigantó y tuviste que decir "hay otra en mi vida" (no quiero mentirte, no quiero engañarte, no) Entonces ella apuró un whisky y tragó saliva.
¡Maldita sea! ¡esto no debió ser tan intenso! dijo como en un murmullo, casi para sí.
Esto no debió comenzar así, debió ser de otro modo- digiste triste.
Un escalofrío recorrió sus cuerpos y se mantuvieron en duelo. No hubo llantos ni despedidas, ni comentarios, Ella lo miró como a un se solitario, despreciable y envejecido.
Caminó solitaria, había parado el viento y bajo los árboles apareció esa luz sobrenatural que sigue al inverno. Los autos pasan dejando s u huella contra el asfalto, tocan sus bocinas de modo ensordecedor, casi asfixiante.
Ella sabe que como a él ¡alquien la espera en casa!

Cuento Flor de Azar


Flor de Azar en sus lides amatorias contrajo un síndrome que la volvió inmortal, que para continuar viviendo tenía que alimentarse de sexo.
Así cada noche, cuando la luz se apagaba en el pueblo, ella salía a deambular por las calles y hombre que encontraba, hombre que violaba...demás está decir lo que ellos experimentaban, nadie nunca después de ese trance podría sobrevivir a tanta pasión.
Cuentan los chismosos que volaba, que era etérea, que se mecía cual palmera al viento y que el coito con ella era sublime.
Los decires hablan que un hombre tenía que aparecer, capaz de matarla y no sucumbir a sus encantos, sólo así ella podía desaparecer y volver tal vez a encarnar como humana, pues ya nadie sabía lo que era.
Un hombre joven tenía que hacerlo. Debía salvarlos de tanta pasión alborotada. Pues los líos que causó fueron inusitados, los pueblerinos salían de sus casas de doce a tres y de tres a seis, esperando encontrarse con la diosa. Eso generó tal desorden, que la producción agrícola bajó. Los hombres dormían de día y deambulaban de noche, las mujeres por seguirlos abandonaban sus casas, los hijos, la cocina. Por eso las autoridades decidieron poner fin a ese embrollo.
¿El cómo y quién lo haría? alguien dijo que había que atravesarle el corazón con una estaca. El debate del Cabildo abierto duró varios días hasta que la decisión se tomó: eligieron a Tobías, hombre robusto y dado a las buenas costumbres, profesor de religión de la escuelita parroquial e incapaz de sucumbir a las tentaciones. Meticuloso, ordenado, metido a cura; lo que nadie sospechaba que esa fachada ocultaba un hombre apasionado como pocos. La elección no estuvo mal, pues detrás de todo buen hombre siempre se esconde un animal.
Fue así que los otros hombres deberían abstenerse de salir por las noches, solamente él debería caminar por las calles pajolientas de Moxos. Noche a noche Tobías paseaba entre las sombras esperando encontrarse con la reina de las pasiones; nueve días y nueve noches penó su alma hasta que apareció. El estaba sentado fumando un cigarro y esperó el encuentro.
Grande fue su sorpresa porque no llevaba ropa, sólo una gasa le cubría el rostro y de sus pechos colgaban dos estrellas que centelleaban al movimiento de sus caderas, una estela de luciérnagas la escoltaba formando en el aire un arco iris de luz y sobre su pubis una luna... se miraron, no dijeron nada, sólo se amaron tiernamente, después ella desapareció volando arrastrada por las luciérnagas y voló, voló, voló en sus alas.
Tobías mintió al cura y a las monjitas, al vecino y a las autoridades-calló-, más que por el hecho de no haber cumplido su misión, porque se enamoró perdidamente de Flor de Azar.
Cuentan que estaba atontado, que casi no comía y sólo esperaba la noche para encontrarse con su Flor.
Después cuando la presión del pueblo fue mucha, tuvo que ceder. Estaban haciendo el amor cuando sintió la estaca. Un quejido certero atravesó el silencio de la noche y un lamento. Era él que lloraba y se estremecía por lo que había hecho. La Luz del pueblo fue encendida para ese efecto, los curiosos aparecieron de todas partes. ¡Ahí estaban los dos, ella tendida en el suelo y él llorando!
Dicen que nunca más volvió a tocar la flauta ni a enseñar y que enloqueció.
La noche que murió Flor de Azar les causó mayor impacto y sorpresas, pues su alma, incapaz de soportar tanta miseria salió del cuerpo y vagó, vagó.. se fue con el viento. Cuentan que aparece en noches de luna llena, en noches de cuarto menguante y de cuarto creciente...
¡Nadie nunca más la poseyó, porque ya no es de este mundo!!!!!

Amor amante

Amor amante
déjate amar esta noche
déja que rocen tu vientre con margaritas
alelíes, primaveras.
Siente el olor de las flores
así como siente el olor mío que te lleva
hacia cielos insospechados de amor y misterio.
Toca mi cuerpo de nácar soleado,
quémate con el fuego salamandras ardientes
que rodean tu torso...
ven amado
que quiero hacer contigo lo que hace el agua con las flores.