Datos personales

Mi foto

Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

miércoles, 17 de marzo de 2010

Ninguna surge hacia ningún bien

3.
Ninguna escena surge hacia ningún bien, todo parece estático, dormido, como en un túnel sin fin
nada progresa hacia nada, todo parece conducir a un abismo insondable, oscuro, tenebroso, como en los mejores tiempos del No tiempo. Como si de pronto, los dioses me hubiesen abandonado,
me hubiesen dicho que no sirvo, que no soy, que no puedo.
Como si los dioses no supieran de estas cosas, de estos sublimes, supremamente maravillosos deseos físicos que la carne nos legó, (hablo por supuesto de los dioses terrenos que ascendieron), no hablo de aquellos que tienen otro tipo de iluminación.
Es como para querer morirse- de pronto- me entran esas ganas- y se vuelve un deseo recurrente- un querer morirse para no estar, para no sentir, para no padecer. El deseo recurrente de la muerte- de escapar hacia adelante, de que el alma ande buscando salir del cuerpo del todo, y dejar esta envoltura física que me hace padecer, es pues una tortura.
La tortura se convierte en una insensatez, porque una ve el sol que aparece en las mañanas y no quiere verlo, no quiere descorrer las cortinas porque ese sol no me baña, no me envuelve, no me alegra.
Entonces una piensa en el amor, no el amor corriente del cual padecen todas las personas, no el amor que a diario se da y se toma. No, hablo de otro tipo de amor, ese amor que cohesiona el universo, que es la fuerza cohesiva del omniverso que une los átomos y las cosas. Ese amor envolvente que es superior a todo cuanto se ha escrito sobre el amor. Ese amor, de sólo pensarlo, te acaricia, te sublima y te enternece.
De pronto la idea recurrente de abandonar el cuerpo, (esta envoltura física que te han prestado para que tu vengas a sanar y dejar partir todas las deudas contraídas) este cuerpo maravilloso que le permite al alma poder evolucionar y crecer, se enternece cuando piensa en ese otro tipo de amor, del que hablo. Ese amor se nota en un gato que se tira al piso para que lo acaricies, que se presenta cuando ves el infinito en las noches y ves los milagros en cada cosa, en el aire que respiras, en las luces que se encienden y se apagan en la gran ciudad caótica, dormida, taciturna...
es entonces cuando tu mundo va cambiando de vibración, vas agigantándote y eres otra persona que sólo quiere crecer y evolucionar.

No lo tengo

2.
Y esta puta faceta que no conocías, afloró hoy día para que te des cuenta que soy sólo eso, una mujer que siente, piensa y dice. Una mujer que ama, pero que también sabe odiar. Sólo que hace años, estos dos sentimientos se han ido de mí, estoy pensando que a veces soy un fantasma que de tanto expiar ha quedado sin nada. Porque resulta que ahora ando en una nadería, ninguna escena surge y si surge algo, no tiene un sentido, ninguna progresa hacia un esclarecimiento o una transformación. La escena de mi vida actual es ociosa: inconsecuente como un orgasmo perverso- no marca- no mancha (Sade) no progresa hacia ningún fin.
Insignificante, la escena de esta vida lucha sin embargo con la insignificancia (Barthes). Todo participante de una escena- de una vida- sueña con tener una vida digna, y si bien mi vida es excesivamente digna- sueño con tener un sentido y ahora, en este momento siento que no lo tengo.

El túnel

Retomamos con las crónicas, reflexiones y especulaciones de esta su humilde servidora

1. El túnel
Hace años, cuando tenía 28 creí llegar al submundo de lo indecible,
pasé el oscuro y temido túnel, después me esperaban como en un tribunal kármico
varias personas que me decían que mi infierno y el dolor que desgarraba mi cuerpo pronto pasarían, pero no pasaban, habrán sido pocos segundos, minutos... no lo sé, sólo se que fueron interminables, infernales, nefastos y duros de creer.
Es imagen y ese dolor, me heló la sangre y el cuerpo por algunos minutos, y desde entonces le temí a la muerte, más que a mis propios fantasmas.
Alguna plegaria, algun grito desesperado que emití hizo que aquel tribunal de sentencia me diera otra oportunidad para volver, entonces volví a esta vida que ahora disfruto. Porque irme en ese estado de consciencia, y en esas circunstancias no hubiera sido tan bueno para mi, que vengo purgando ya bastante.
A partir de entonces, la vida actual, tenía que ser cambiada, los malos patrones, las malas costumbres, las malas pasiones, todo tenía que ser expiado, transmutado y los transmuté a fuerza de pagar una a una las propias injusticias que yo misma creé.
Qué manera de costarme esto de la expiación! válgame! si hasta ahora he pagado una a una las deudas que contraje.
Las que nunca pude saldar fueron estas, el crear las frases necesarias para hacer explotar el mundo con mis versos. Debo confesar que muchas veces me vi tentada a dejar de escribir,
pero después pensé que era totalmente ilógico que hubiera decidido venir a esta vida para escribir, y sin embargo abandonar la travesía. Escojí un camino duro sin embargo, porque todas las cosas que se dieron en mi vida, mi entorno, mi contexto; hicieron el clima necesario y suficiente para hacerme hoy una escritora loca, apasionada, mentirosa a veces, cruel otras, y siempre, siempre erótica. Se imaginan! qué inutil camino recorrido para después abandonarlo. No era posible, que después de aquellos momentos de amor absoluto que viví, aquellos sufrimientos que pasé, hubieran sido innecesarios si yo los guardara en mi alma, como se guarda un trapo viejo. No era justo, así que dejé tales ideas, decidí escribir y a lo mejor en otra vida, pueda yo ser un alma menos rebelde, menos egoica y más tranquila.
Fue una época distinta, un transitar por caminos de miedo y horror, ahora a la distancia, veo aquello como una revelación, como un síntoma seguro de que has venido a pagar y a sanar, que no existe un infierno ardiente, sino es aquí en esta vida donde venimos a purgar las anteriores malas calificaciones de la energía que nos dieron.
Y es difícil vivir en la dualidad, muy difícil, por ejemplo tener una vida tan espiritual y a la par tener estos deseos del cuerpo del otro, no es fácil.
Tampoco es fácil perdonar a tu enemigo, no es fácil dejar partir lo que has amado, así como si nada, no no es fácil.
Yo por ejemplo sabía odiar con tanto ímpetu como amo, como río, como escribo, y mi odio tenía el mismo grado de vibración que lo que pudo tener mi amor. Yo odié muchas veces, hasta el extremo de deshacer una ciudad con aquella efluvia que salía de mis pensamientos. No puedo decir que soy una odiadora por excelencia, no se piense así, pero claro que odié y fue a los hombres que amé.
Porque odiar, es igual de fuerte, de profundo, de sentido que el amor. Porque odiar es fácil cuando alguien te hizo daño, te hizo sentir verguenza, te abandonó porque no encajabas, porque no eras la mujer que no piensa, no cuestiona, no opina, no dice.
En fin, odiar no cuesta nada...
continuará...

Multiplícame


Pero de pronto mis manos tocan tu piel
y mi cuerpo se ha vuelto gigante,
resbala tu cuerpo de pez por mi cintura,
resbalan tus labios en mis pechos
tu falo pasea por mi ingle,
por el vértice que espera y lo llena,
mis manos rodean
la suave curvatura de tu espalda
en la pasión hemos crecido, nos volvimos gigantes
y ambos ponemos nuestro cuerpos en movimientos,
esto es como un río sin cauce
que desborda todo, que lo inunda todo.
Amor amante refúgiate en mi cuerpo
en esta noche sola,
asómbrame y prosigue:
toca, gime, lame, come,
multiplícame, deshazme!!!

Emprender el viaje

De pronto te has vuelto gigante
y alas suaves revolotean por mi cuello
bésame, bésame, bésame hasta viajar
bésame, bésame, bésame hasta emprender el viaje, la travesía.
De pronto un beso se escurrió por tus muslos
y corrió hasta la pelvis,
un beso mojado que sobrevivió a tu piel.
Ayy! amor me dices, ayy! amor amante!
mientras yo pienso que mis dedos son un bichito
el ciempiés que camina por tu cuerpo...
son mis dedos que acarician,
es mi respiración apenas rozando
como para no ahuyentar al deseo,
así subo y bajo sin torpezas, sutilmente
supremamente,
transformando las caricias en un juego
en el juego de la ternura.