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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

martes, 21 de octubre de 2008

Cuento -habernos conocido antes

Foto del Blog los tacones rojos

Ellos se conocieron en una discoteca, desde ese instante reconocieron ese halo extraño que despiden los solitarios. Olían al aroma negro de la noche sola. Se miraron con esa complicidad de querer asirlo todo; lo demás no importaba.No hubo enamoramientos a pleno sol, invitaciones a cenar, al cine y a las calesitas. Desde el inicio esa relación fue sin futuro (¿quién piensa en el futuro cuando la piel hace carne?), se ocultaron como ladrones, porque ella era una “chica que olía bien” y él “tenía vida formada”. Aquello resultó como un imán, nada de formalismos y compromisos; sin embargo habría que acallar los jadeos y las respiraciones fuertes con un manto de doble moral y en la noche sola. Habría que disimular aquel súbito deseo de mantener relaciones extrañas entre dos desconocidos.Se citaron en una esquina, el pretil de la acera fue mudo testigo de aquel desasosiego, devorándose como animales, sin preguntar por qué, y si mañana existiría una ilusión. Empezó como un juego: un taxista, cómplice de besos… después paredes, calles, respiraciones agitadas, la cópula loca del rocío con el pasto; más tarde, promesas no cumplidas y el aire se volvía insoportable.Te hiciste la víctima porque ella no te dio la seguridad que tú pedías, porque tu condición de hombre tradicionalista no te permitiría enamorarte de una mujer “liviana”, te arrepentiste porque hablaste demasiado, bebiste demasiado y ya el día venía con fuerza y la verdad es que ella no te creyó nada. “Noche de copas” te dijo (en el fondo pensando que esa podría ser la trampa para acercarte más, pero se equivocó), y te quedaste mudo porque ella era demasiada sincera como para ser real. Y quisiste jugar a las escondidas, al difícil, y enviaste mensajes cobardes arguyendo que todo fue un chispazo, que el amor es otra cosa.Pero la volviste a ver, caíste en sus redes, te enredaste vos mismo en la debilidad de ser débil y permitir que ella te crea, sólo porque su mano bajó por debajo de la mesa tocando la tuya para sentir esa atracción desbocada de la primera vez, después estrujó su cuerpo en el tuyo como si fuera la única y última vez que lo hicieran, te sacudió la ternura, pero las cosas estaban dadas, tu mundo no era el de ella, era sólo presente, momentos.El despertar en la madrugada y sentir un calor diferente te ensombrecía todo, en una cama alquilada, en un cuarto desconocido, recordando lo que hiciste. Con la resaca maldita del whisky, esa melancolía tuya porque no supiste si ser feliz con la hazaña o sentirte vil, estúpido, degradado, cruel, porque era ella la que encendía la noche con sus ojos, y tú quien abría o cerraba las puertas de las posibilidades. Lo dejaste así (sin señales, sin muestras de nada), ¿para qué seguir?, los momentos se viven como vienen, no era nada más, para qué cuestionarse, para qué sufrir, para qué pensar. Eso pensabas tú, pero nunca se lo dijiste, no fuiste honesto no.Las noches se volvieron insoportables y te aferrabas a la posibilidad de darle tu amor y después lo intentaste, porque no era para vos, no era lo que tú querías, era aventurilla nada más (las aventurillas de noche de copas no se las puede tomar en serio, no, aunque en ese encuentro te hubieran traspasado el alma).Vinieron otras noches ya sin alcoholes, sin promesas, sin encuentros fortuitos (te quiero con derrota, no te prometo nada, no quiero hacerte daño, no quiero saber mucho de ti, ni si la muerte te habita por dentro, o si el verano te quita las melancolías, no puedo no quiero hacerte daño, tu entiendes)… ¿Qué te creías vos para profanar su alma, para arrastrarla a caminos insospechados de placer y de incertidumbres?Ella te transportaba al cielo a la muerte a la nada. Todo era desborde, huella, desasosiego y te dejabas hacer consciente de que eras el rey de todo y no te atrevías a traspasar la puerta.Los días inexorables pasaban, la pasión de ella se agigantó y tuviste que decir “hay otra en mi vida” (no quiero mentirte, no quiero engañarte, no). Entonces ella apuró el whisky y tragó saliva.
– ¡Maldita sea! ¡Esto no debió ser tan intenso! Dijo como en un murmullo, casi para sí.– Esto no debió comenzar así, debió ser de otro modo– dijiste triste.
Un escalofrío recorrió sus cuerpos y se mantuvieron en duelo. No hubo llantos ni despedidas, ni comentarios. Ella lo miró como a un ser solitario, despreciable y envejecido.Caminó solitaria, había parado el viento y bajo los árboles había esa luz sobrenatural que sigue al invierno. Los autos pasan dejando su huella contra el asfalto, tocan sus bocinas de modo ensordecedor, casi asfixiante.Ella sabe que como a él, ¡alguien la espera en casa!

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