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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

jueves, 23 de julio de 2009

Seguimos con La Noche Jaime Saenz

El espacio que tu cuerpo ocupa en el mundo, es igual al espacio del cuerpo en que uno se ha recogido; y si esto es así, nadie tiene por qué molestarse, ni importunarte;
en el espacio de tu cuerpo, del que tú eres el soberano absoluto.
Puedes pararte de cabeza y hacer y deshacer, y transitar tranquilamente, libre ya de un mundo de pesadilla, poblado de espectros y de esqueletos que plulaban y te quitaban la vida.
En todo caso, tu morada, tu ciudad, tu noche y tu mundo, se reducen a tu cuerpo;
y quien lo habita no eres tú, sino el cuerpo de tu cuerpo.
Pues el cuerpo que te habita, en realidad, eres tú;
sólo que tu cuerpo deja de ser tú;
y pasa a ser él.
Imagínate, el cuerpo que eres tú, habitando el cuerpo que es él.
Y que no por eso deja de ser tú.
De ahí el habitante, o sea, el cuerpo de tu cuerpo; y de ahí, asimismo, el habitado, osea, tu cuerpo.
¿Y qué decir de la honda soledad, habitando el espacio de tu cuerpo?
Hay un echar de menos la soledad, cuando hay alguien a tu lado;
pero, cuano no hay un alma, es la propia soledad quien te echa de menos
- y es como si tú no estuvieras, o como si te hubieras ido, en busca de alguien a quien echar de menos.
La soledad en el espacio de tu cuerpo, ha de ser, pues, una soledad muy larga, mul alta, muy álgida.
- como una soledad que uno imaginaba de niño.
Con un retrato desaparecido y una rueda inmóvil, en el cuarto oscuro.
Jaime Saenz- Fragmentos de La Noche

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