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Narradora y poeta  boliviana, nacida en Moxos; entró al mundo de la blogosfera como si fuera a explorar la selva verde-el verde río. Amante de los felinos, feisbukera y blogera. Le encantan los temas esotéricos y espiritualistas

sábado, 14 de noviembre de 2009

Monólogo para tres- cuento

A Juan Eliseo que en vida no fue
y que en algún sitio aún me espera

Por amor Eliseo, por amor sigo contigo y no es lo que aparento. Sólo quiero el olor de este tu cuerpo bienamadoybienpensante que se quedó impregnado en mí desde aquella mañana en que fue viviendo lentamente la unión de nuestras almas para trascender en un nuevo ser. el olor tuyo me recuerda otro olor que estuvo en mí cuando la vida se le pegaba a mi vientre. el mismo olor que me recuerda a otros brazos que no crecieron, y es absurdo constatarlo ahora cuando la realidad pega y pega tan fuerte, ahora que él se fue lenta y tan violentamente.
Queda poco tiempo, y este tiempo hay que vivirlo. aunque fuera un mes, un día, un instante, es poco lo que nos queda en estos momentos en que la muerte nos junta por todos lados.
No sé cómo expresarlo, por eso lo escribo. Hoy sólo quedan las líneas, ya no puedo llorar, sólo quiero estar a tu lado, quererte y estar siempre. hemos envejecido mil años, se han dormido los sueños que parecían reales, lo cotidiano de este mundo que los demás no entienden ni conocen.
La piel se te fue hijo, se quedó en mi, en las cosas que tus ojos no vieron, en los pechos que no mamaste y tú Eliseo crees que otro sueño puede ser válido; eso es sólo una carnada para que lo absoluto de nuestro amor perdure, ambos sabemos que es un truco y una carnada para que la vida pique.
La muerte se lo llevó. ahora sólo queda un juego aquí dentro y cada día tú diciendo... reclamando. De pronto adviertes que sigo viva, nuestros ojos se miran aún enamorados, se abrazan sobre el aire de los otros. Quiero que aceptes tu error- tu ausencia- Nuestras miradas se cruzan- sé que puedes hacerlo- mientras la noche pasa y engendra la tierra margaritas.
Quiero que vivas hijo, me toco el vientre, te canto canciones que invento, sé que ya me escuchas y sientes el dolor que yo siento, te doy calor con mi mano derecha mientras la otras sostiene el hielo que paso por mi cabeza para paliar el dolor; voy hacia ti y muero junto contigo hoy, te dejo tibio un rato y luego ya no te canto, sólo grito, gimo, muero, duermo.
Mientras escribo Eliseo, tu voz en el teléfono dice que no lo haga porque soy muy triste; yo me abismo, sucumbo, porque no hay nada aquí en este mundo, este es el modo de evadirme, de permanecer, de dar, de quitar. Toda la gente llama a eso divagar, otros lo llaman literatura, para mí es el modo de liberar los demonios que llevo dentro. antes cuando era niña y lo hacía junto a los árboles, o me encerraba en un cuarto a oscuras, el abismarse no tenía nombre, era sólo pensar que era diferente a mis hermanas, no tenía nombre ni conocimiento, sólo eran extrañas sensaciones que me invadían y luchaban por salir al trote como los caballos que montaba Bauty y Carlitos en las pampas lejanas del Cuberene, entonces yo me evadía por los corrales, por el río para imaginar, para que no me dijeran: loca, poetita, triste, poetita, como lo haces tú ahora. Abismarme es la palabra precisa, sucumbir, morir un poco. Es también otros olores, texturas, sueños de un mundo mejor y menos cruel, un mundo donde yo ya te esperaba desde la fundación del tiempo, éramos y tú estas lejano, aún no te conocía y ya tú eras en mí y yo en ti, era un tiempo de utopías, donde no existía el poder del más fuerte, ni luchas, ni traición ni mentiras. Yo ya te amaba Eliseo desde antes de la fundación del tiempo.
Continuará....

Ahora sucumbo por la muerte del hijo en este invierno que se aleja, que se va contigo. a ti hijo sólo puedo darte mi canto " estás creciendo mi niño en tu nido de lecho y miel, están creciendo tus huesos en mi vientre de terciopelo y flor/ estás comiendo mi niño también todo mi dolor/ estás comiendo mi niño también esta soledad.

Aquella noche tuve miedo y pregunté como Pablo el apóstol ¿dónde está oh! muerte tu aguijón? me respondió con dolor. Sabía que estaba pasando lo sabía porque lo soñé y tampoco quería evitarlo, quería pero no quería, sé que se acercaba cada minuto y ¡oh! hijo la muerte nos rondaba a ambos, tu cuerpo indefenso y diminuto, el mío casi inerte por el dolor de cabeza, luchaba porque se fuera de nuestro lado, este era un viaje para dos, pero te dejé partir solito, aún no estaba lista para enfrentar mi muerte.

A ratos te aprisionaba, te rozaba con mis manos, ver si aún estabas con aliento. Del ombligoalpubisdelpubisalombligo, me tocaba los pechos para saber si ahí había una señal, un sigon vital; despertar para que me ayudes a no morirnos, me olvidé que somos mortales y que como tales debemos de partir. tu Eliseo- no estabas- creías que era frase,¿pero has visto? no era farsa. De todas partes emergió el dolor, torpemente, vino del mundo, de la transgresión, del karma. el dolor me arrebató, no reconocía nada, ni oraciones, ni respiración, dejé de existir salvo por el dolor. No sabía cuál dolor, si el haber perdido al hijo del matrimonio unos años antes, o si se trataba de algo nuevo, al hijo muerto no lo conocí sólo lo sentí crecer y entonces no me quería morir como lo quiero ahora.

Ambos nos equivocamos. Por todas partes se dispersó el amor, nos creíamos inmortales, pensamos que el amor duraría para siempre; la inmortalidad de ese amor estaba encubierta por el cuerpo de ese hijo mientras vivió y no lo comprendimos, no entendimos que era en aquel cuerpo donde vivía la inmortalidad de nuestro amor, pues tarde nos dimos cuenta que había muerto junto con él. Así anda ahora nuestra vida privada de aquel cuerpo.

A partir de la muerte del hijo, todo debía morir después, y por él la muerte del amor partía con él. Nada supo ese cuerpo de los sucesos que causaría. No supo de la inmortalidad que abrigó durante sus diez semanas de vida. Nadie, excepto y lo sabía. A partir de ese conocimiento tan absoluto, que el cuerpo de él era el pretexto de la muerte del amor, también yo debía morir y morí.
Habría que prevenir a las mujeres del mundo sobre esas cosas (aunque muchas lo manejan como el pan diario), que la muerte de un hijo hace mortal el amor y que, al contrario, su inmortalidad retiene, detiene al amor, aunque sea un amor desmitificado, desmerecido, desvalorizado, depreciado, que no se muestra como es, que ha ocurrido y sigue ocurriendo, sino mírame- sin su cuerpo- sin el cuerpo del hijo; la inmortalidad de amor no se detuvo, pasó por mi vientre, lo esquivó. Ahora sé que se trataba de un dolor nuevo, porque al perder a él te perdía a ti, mi amor por ti era más ancho que todos los ríos del mundo, alto como los árboles de la amazonía- el tuyo- era tan frágil - el dolor llegó a la escala de Dios.

La muerte invadió todo: el cuarto, la sala, el baño, la cocina ¿Te das cuenta? yo la mujer segura de si, la que nunca necesitó a nadie para afrontar la vida. la de las palabras precisas y la mente ágil; ahora era una simple marioneta ante la muerte que me zarandeó del todo. ¡Ay! hijo! la que nunca te acunó en sus brazos, la que te soñó hermoso y paseándonos por el parque con María y Samantha, la que no sabe tejer chambritas, ni te dio más el buenos días hijo, ya salió el sol, despiértate que viene papá e iremos a caminar por las calles, ni te contó del primer abandono, ni de la primera desilusión cuanto tú te alojabas en el útero. No estaba lista hijo, tal vez eso me hizo que yo prefiera morir contigo. Ya paso los treinta y aún no estoy lista. No dejé pasar tanta sangre de mis venas a tus venas. Deja correr ahora Eliseo, la sangre, es la sangre que nos une y nos derrota.
Aprender a morir, siempre lo pienso y hasta lo he ensayado. Es apenas un viaje, un camino de ropajes; eso quiero egoístamente ante tanta derrota. Repito incansable las preguntas ¿qué color tendrá tu piel? ¿Serías hombre o mujer? Aunque para mí siempre serás mi Juan Eliseo. Es cuestión de minutos..¿Cuántas respiraciones doctor?- ayude, ayude- y yo ayudé, dí todo de mí para que la noche pase, luego el día llegue para que nos de el último estacazo; aquí en mi cama esperando que el día llegue. Denisse ora, nos cuida; la muerte rondándonos, guiñándonos el ojo para que te vayas triste y secretamente.
Ahora podrá ser, te escuchaba repetir- ten paciencia, yo te amo. pero la realidad es nunca y nunca es siempre y siempre es jamás. Aquí se da la realidad, soy sólo una marioneta que se lleva el viento, un gorrión queriendo encontrar nido, soy incapaz de dártelo porque yo ni siquiera lo tengo,- pero estoy hasta el final contigo hijo- Muriéndome contigo y muriendo al amor, caminando paso a paso, lentamente, tan violentamente, hasta el final. Duerme pequeño, duerme amor.
No sé hijo cómo es tu muerte. La imagino durísima. Pienso en ti también Eliseo, tan cruel, tan cobarde, con toda esa crueldad carcomiéndote por dentro, con toda esta muerte para ti solito.
No sé cómo respiro luego de haber sentido tu muerte cada minuto, cada bocanada de aire mío te quitaba un poco del tuyo, se asfixiaba- déjame si puedes una sonrisa en la lejanía, una flor para que adorne mis cabellos, una esperanza.
Aprendo a dejarte ahora Eliseo, amordazado- exigiendo promesas no cumplidas, abandonos, presencias, besos y ausencias.
De ti hijo aprendo a vivir toda tu muerte, pero amordazándote como lo hicieron todos. Fue ella, fue él, fueron las mentiras y el engaño, fue el dolor y la derrota. Perdóname hijo, perdóname tanta muerte y tan violenta!!!




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