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martes, 19 de agosto de 2008

Alto Invierno- cuento


Este año las cosas se pusieron medio feas por aquí. Tuve que desalojar el cuartito que tenía en el barrio central por falta de dinero para el maldito alquiler. Fui a parar a un lugar alejado y habitado por el invierno; perenne el invierno en este lugar, aunque sea verano, pero aquí en Alto Invierno, siempre, pero siempre hace frío.

Una noche salí con un hombre ya maduro, amigo de ocasiones. Salí para hablar de situaciones... de conseguir un trabajo y demás cuestiones... ¿Qué cómo iba a imaginar que este hombre tan serio quisiera tener un romance conmigo?. Caí como quien dice " como tontita". Lo raro es que no opuse resistencia, claro, cómo iba yo a hacerme la cortita, si andaba con tanta hambre, comiendo cualquier cosa, durmiendo mal y por lo menos una noche quería sentir calor.

Fue una noche de locura imparable, si hasta temblé, grité y luego lloré de rabia de saberme como piruja barata haciendo el amor con aquel hombre. Y lo peor de todo fue que me gustó sentirme amarrada por lo menos unos instantes a su piel, a sus escasos cabellos y a sus manos que como durazno sedoso se asían a las mías.

Pero de todo aquello lo que más me asombró fue su ternura. Era innegable su ternura. Era más fuerte que todo... si hasta luego de los afanes esos propios de la pasión, se recostó quedito en mi pecho y me dijo:
- hola!, y lo dijo tan bonito!.

Sus manos recorrieron mi cuerpo haciéndome retorcer no de placer, pero si de ternura. El no me dió placer, pero sí esa dulzura extrema que jamás yo había sentido. Y lo peor de todo es que yo sabía que aquello no debía ser. Podía ser, claro, porque todo es posible. Pero no debió ser, de eso estoy segura.

Por mucho tiempo no lo volví a ver. Me escondí en el horizonte gris de mis pensamientos, en esa extraña forma de vivir, comiendo cualquier cosa y tratando de olvidar a aquel hombre.

Después de un tiempo lo encontré en la calle, se me acercó diciendo:

- Venga mi muchachita, echémonos a perder niña linda!.
Y era la misma voz risueña, pegajosa, excitante de la noche aquella cuando quedito al oido me repetía:

- Ven!, ven!, no te me escapes ven!
- chica, ven!, ven!
- Chica, ven!
- Chica!


Las cosas andaron retemal para mi desde entonces. Porque sigo pensando que aquello no puede ser y lo volví a hacer, porque puede ser claro!, pero no debió ser.





2..//

A veces pienso que el mundo está al revés y no entiendo los límites de la infidelidad humana. Si hace unos días, semanas tal vez, yo lo ví de la mano de aquella señora gordita de ojos profundos. Los ví tan juntitos que pensé, Dios mío, él no necesita otro cariño!.

La infidelidad es la madre de las soledades- pensé. Y es tan fácil sentirla como hacerla, tiene dentro esa picardía de lo indecible, esa malicia de la carne que lucha contra el espíritu. Es insinuante, coqueta, risueña, tiene los ojos verdes como la esperanza que yo siento aquí muy dentro, cuando pienso que él me quiere y sé que no es cierto.

Por eso digo que las cosas andan rete mal aquí en Alto Invierno. Con esto de las heladas contínuas del verano, las constantes lluvias, se me ponen fríos los pies y el alma, y no duermo en las noches, ando divagando y pensando, cómo es que pude ser tan tonta! meterme con un hombre casado!- vaya con el adagio, casado pero no castrado.

Pero eso sí, todo el tiempo me anda trastabillando en la cabeza ese manantial de ternura que gastó en mí. A lo mejor lo hizo por lástima, por placer al verme tan bonita, tan sola y con tanta hambre.

Todo anda de mal en peor aquí en Alto Invierno. El es casado. Pero de su ternura y de sus ojos, no puedo olvidarme. No quiero olvidarme.

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